Para
quienes dicen que no hay sanaciones en las misas: una joven
dejó su audífono

San Juan, 04-06-11 (AI).- Luego del retiro espiritual,
el sacerdote colombiano Darío Betancourt bendecía a los
enfermos en el marco de la Misa de Clausura y como suele
suceder después de anunciar a Jesucristo, una joven se acercó
al altar y regalo su audífono. Ya no lo necesitaba, el Señor
la había sanado de su sordera. El sacerdote enfatizó sobre
la necesidad de orar para alcanzar el poder de no pecar,
que según dijo, es un don de Dios.
La chica avanzó desde las últimas sillas dispuestas sobre
Avenida Ignacio de la Roza, frente a la Municipalidad de
la Capital. Con un hilo de voz y sin poder contener las
lágrimas, alcanzó a balbucear su nombre en el micrófono
que el padre Darío Betancourt le extendió. En la mano llevaba
el estuche de su audífono- Y según contó, lo usaba desde
hacía tiempo en uno de sus oídos para poder escuchar aunque
sea un poco, porque el otro oído ya estaba perdido.
Llorando, le contó al sacerdote que cuando escuchó de su
boca la bendición, enseguida sintió que era para ella. Y
desde ese momento, su oído enfermo le permitió volver a
escuchar, sin necesidad de usar el audífono. "Ya no
lo necesitas, porque Dios te ha bendecido, hermanita",
dijo el Padre Betancourt y la concurrencia estalló en aplausos.
De esto nos da cuenta la periodista del Diario de Cuyo,
Susana Roldán pero para quien ya haya visto situaciones
similares con este u otros sacerdotes que anuncian el Evangelio
de Jesucristo u oran particularmente por los enfermos, tenemos
la certeza del obrar de Dios sobre su Pueblo.
Fue sobre el final de la misa abierta que el padre Darío
Betancourt realizó al término de la primera jornada del
retiro espiritual del fin de semana pasado. Casi 2.000 personas
coparon las sillas ordenadas por la organización y asistieron
a las más de dos horas y media que duró la misa. En su homilía,
el sacerdote promovió la devoción al rezo del Santo Rosario,
oración que según dijo, "son como rosas que le damos
a María".
También habló del pecado utilizando una frase de una encíclica
de Juan Pablo II: "Ningún esfuerzo humano logra cumplir
la ley de Dios, porque cumplir la ley es un don de Dios",
expresó. Para explicar el alcance del enunciado, utilizó
todo su histrionismo, al afirmar que "cuando los sacerdotes
le decimos a la gente que haga un esfuercito por no pecar,
en realidad estamos perdiendo el tiempo, porque el poder
para no pecar es un don de Dios y la manera de alcanzarlo
es orando".
Al final, hubo oraciones a las llagas del Cuerpo de Jesús
para pedir por las distintas partes del cuerpo que cada
uno pudiera tener enfermas. Y a la hora de las bendiciones,
hizo estremecer a la concurrencia cuando, además de la joven
que pudo escuchar sin audífonos, hizo probar limón con sal
a una mujer que sufría llagas en la boca causadas por la
quimioterapia y que, entre lágrimas, aseguró que tales heridas
habían dejado de dolerle durante la misa.
Seguramente, en muchas comunidades se experimentan situaciones
similares donde se cumplen el ministerio dado por Jesucristo
a sus discípulos para que vayan anunciando el reino y sanando
a los enfermos. Esto a pesar de aquellos que dicen que no
hay que esperar situaciones milagrosas en misas masivas.
Aunque el hombre quiera ponerle límites a la acción de Dios,
para él nada es imposible. |