La
Persona y el compromiso social

Buenos Aires, 01-06-11. (AI).- El hombre encuentra su primer
compromiso de carácter ético y social en la familia, hecho
que lo convoca a responder a un necesario compromiso comunitario.
Especialmente, si reconocemos que la familia lograr su perfección
y plenitud mediante la ayuda complementaria de la sociedad
civil y política. Conviene entonces a la persona comprometerse
con la comunidad en que vive y se desarrolla su propia familia.
Esta participación y compromiso aparecen como deber y derecho
de la persona lo que responde a su dimensión social debido
a la propiedad de la naturaleza humana que se expresa en
su condición de ser social. Por tanto, el compromiso social
cristiano tiene como objetivo poner a la persona en el centro
del orden de la sociedad.
Así entendido el concepto de persona sigue aportando una
comprensión profunda del carácter único y de la dimensión
social de cada ser humano. Esta concepción que pone al hombre
en el corazón y en el centro del orden social, puede ofrecer
una gran aportación a la reflexión actual sobre cuestiones
sociales.
Por otra parte, el bien común es el objetivo de la sociedad
civil y política donde el hombre debe comprometerse. Sabido
es que alcanzado el bien común el hombre se desarrollará
mejor como persona. Por ello, no solo es un acto de justicia
por el cual la persona debe comprometerse solidariamente
en la búsqueda del bien común sino que le es conveniente
para él y su familia.
El compromiso en la cooperación con la sociedad supone
que si el hombre tiene dimensión social, la sociedad es
la consecuencia de la inclinación natural e intencional
de convivencia, sea familiar, civil o política, inclinación
natural por la indigencia e inclinación intencional por
conveniencia. Por esta razón, en el supuesto de la sociedad
familiar, todas las sociedades intermedias que constituyen
la sociedad civil, representan la proyección de las necesidades
y conveniencias de las personas en vida familiar. De allí
la existencia de sociedades estamentarias y sociedades convencionales.
De este modo, la interacción de las sociedades intermedias
multiplica los contenidos del bien común.
No obstante, debemos tener en cuenta que el hombre puede
no terminar de comprometerse como corresponde con la sociedad
en que vive y el bien común que debe buscar. Por este motivo,
no habrá que esperar que natural o mágicamente las personas
se comprometan correctamente. Además, habrá que buscar un
modo organizado y equilibrado en esta búsqueda para responder
más adecuadamente a estos fines solidarios y socializadores.
Es aquí, en la búsqueda de una organicidad donde se requiere
que el compromiso social este regulado por la sociedad política,
respondiendo a un orden de justicia y legalidad.
Justamente el Concilio Vaticano II enseñaba que “los fieles
laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación
en la “política”; es decir, en la multiforme y variada acción
económica, social, legislativa, administrativa y cultural,
destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien
común”, que comprende la promoción y defensa de bienes tales
como el orden público y la paz, la libertad y la igualdad,
el respeto de la vida humana y el ambiente, la justicia
y la solidaridad.
Sociedad instalada versus sociedad transitoria
Esta dicotomía que interpela al hombre de hoy debe encontrar
una dinámica de compromiso para no caer en un frenesí de
egoísmos y vanidades donde el placer personal sea no solo
el objetivo personal sino el que la sociedad esté obligada
a darme. No es lo mismo bien común que personas individualmente
satisfechas en lo que a estas individualmente se les ocurra.
Esta pretensión de responder a placeres personales tarde
o temprano se enfrentará con los intereses del otro y ambos
pensando que es la sociedad civil y política quienes no
saben contemplar mis necesidades. De ese modo, todo responderá
a una concepción materialista que buscará ya sea por un
dominio totalitario o desde una búsqueda desenfrenada de
bienes y consumos, intentar responder a las justas aspiraciones
de desarrollo de la persona. Así, solo habrá enfrentamientos,
desencuentros, injusticias y mutuas condenaciones.
Responder al bien común no significa encontrar un paraíso
terrenal que responda a todas las necesidades humanas sino
un clima que le permita al hombre encontrar condiciones
propicias para una búsqueda de trascendencia más allá de
condiciones políticas, económicas y sociales. Búsqueda de
trascendencia que puede suponer la existencia de estas condiciones
pero que no se agotan en estas.
En esta posición la acción y el compromiso histórico del
hombre no encuentra su sentido en construir un mundo ideal
y utópico que hasta ponen límite a la propia historicidad
humana. Sino que el compromiso solidario debe, respetando
la dignidad propia del ser humano, hacer de este tiempo
el espacio propicio para el desarrollo de la persona que
le permita acceder a un modo de vida superior que su dimensión
trascendente, donada por su Creador, le tiene preparada.
Olvidar, omitir o intencionalmente silenciar esta expectativa
del ser humano, creado para una vida en plenitud, confundiéndolo
al proponer encontrar en la historia una plenitud inalcanzable,
será la causa de la pérdida de criterios y valores solidarios
y superiores cuando no la de enfrentamientos y rupturas
en el seno de la sociedad humana. |