Comunicaciones
sociales y nueva evangelización

Madrid, 01-06-11. (ZENIT.org).- Los Medios de Comunicación
Social (MCS) significan hoy, ante todo, un fenómeno cultural
y social, que configura la sociedad moderna y, en mayor
medida, la futura. Constituyen un campo inmenso, que va
desde los medios clásicos de prensa, radio, televisión,
hasta los nuevos instrumentos técnicos como es Internet.
Los MCS han alcanzado tal importancia que, para muchos,
son el principal instrumento informativo y formativo, de
orientación e inspiración para los comportamientos individuales,
familiares y sociales.
Representa uno de los grandes retos para la Iglesia, y
por sus enormes posibilidades aparece como uno de los escenarios
de la nueva evangelización que es abordado en los Lineamenta
para el próximo Sínodo de los Obispos: “no existe lugar
en el mundo que no pueda ser alcanzado…por el influjo de
la cultura de los medios de comunicación y de la cultura
digital, cada vez más se estructura como el “lugar” de la
vida pública y de la experiencia social… En tal contexto,
la nueva evangelización exige a los cristianos la audacia
de estar presentes en estos “nuevos areópagos”, buscando
los instrumentos y los caminos para hacer comprensibles,
también en estos lugares ultramundanos, el patrimonio de
educación y de sabiduría custodiado por la tradición cristiana”
(nº 6).
El mensaje de Benedicto XVI para la XLV Jornada Mundial
de las Comunicaciones Sociales a celebrar el próximo día
5 de junio lleva por título: “Verdad, anuncio y autenticidad
de vida en la era digital”. El Papa ha querido centrar su
atención en el fenómeno característico de nuestro tiempo
como es la propagación de la comunicación a través de las
redes sociales en Internet. Alguno puede verse sorprendido
por el tema elegido y preguntarse: ¿qué puede decir la Iglesia
sobre esta nueva tecnología de difusión de la información?
Los primero que se debe reconocer es que las nuevas tecnologías
no modifican sólo el modo de comunicar, sino la comunicación
en sí misma y por lo tanto estamos ante una vasta trasformación
cultural. La era digital no es sólo un modo de difundir
conocimientos e información, sino que es sobre todo una
nueva manera de pensar y aprender, ampliando incalculablemente
el horizonte de relaciones humanas y de los lazos de comunión
entre las personas.
Internet es un medio de comunicación con una enorme potencialidad
para seguir evangelizando y llegar a cualquier rincón del
mundo. Si la Iglesia hubiese sido timorata cuando apareció
la imprenta de Gutenberg, la historia de la evangelización
sería hoy muy distinta. Por eso, la Iglesia debe hacerse
presente y encontradiza ahora, en el ciberespacio, con los
hombres y mujeres del siglo XXI. “Comunicar el Evangelio
a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos
abiertamente religiosos…sino también dar testimonio coherente
en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias,
opciones y juicios que sean profundamente concordes con
el Evangelio”.
De ahí, que no debería olvidarse de que Internet es un
medio, no un fin en sí mismo y que, como cualquier instrumento,
puede ser utilizado para lo bueno y para lo malo. Por ello,
se deberá usar de un modo informado y disciplinado, con
propósitos moralmente buenos. Los padres deberían supervisar
el uso que sus hijos hacen de Internet. Los educadores e
instituciones de niños y jóvenes tendrían que proporcionar
programas educativos y formativos, con vistas al uso inteligente
de Internet, no abarcando sólo la parte técnica, sino enseñando
a adquirir una capacidad para evaluar los contenidos de
modo informado y sagaz.
La difusión de esta cultura trae consigo indudable beneficios
conocidos por todos. Sin embargo, no debe ocultarse los
riesgos del fomento de una concentración egocéntrica sobre
sí mismo y sólo en las necesidades individuales. Por eso
mismo, Benedicto XVI se pregunta: “¿Quién es mi prójimo
en este nuevo mundo?...el contacto virtual no puede y no
debe sustituir el contacto humano directo, en todos los
aspectos de nuestra vida” Además, En esta cultura predomina
lo efímero, lo inmediato la apariencia, dando como resultado
una sociedad incapaz de tener memoria de sí misma y de futuro.
Surge pues, la gran cuestión: ¿Puede el hombre empapado
de esta sabiduría digital creer propiamente en el anuncio
de la verdad salvadora de Cristo? ¿Siente el hombre de Internet,
de las redes sociales, de los bloggers la necesidad de ser
salvado? ¿Cómo hacer la propuesta cristiana en ese mundo?
Para responder a estas grandes cuestiones, la nueva evangelización
requiere la capacidad de saber dar razón de la propia fe.
Sólo a través de hombres tocados por Dios, Dios puede retornar
a los hombres. Debemos partir de la credibilidad de nuestra
vida de creyentes y de nuestra convicción de que la gracia
actúa y transforma hasta el punto de convertir el corazón
y las culturas. También el hombre cibernético tiene ansia
de verdad y de autenticidad que no lo colma las redes, sino
que necesariamente tiene que venir de Alguien que está fuera
y que tiene poder para superar cualquier mundo virtual.
Por ello dice el Papa: “La verdad de Cristo es en definitiva
la respuesta plena y auténtica a ese deseo humano de relación,
comunión y de sentido, que se manifiesta también en la participación
masiva en las diversas redes sociales”
Por Monseñor Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de
España |