Mons. Lozano: "Es
tiempo de apuntar a la familia"
Gualeguaychú, 24-07-10. (AICA).- “Es tiempo
de apuntar a la familia, no para dispararle, sino para fortalecerla
y afianzarla”, dice monseñor Jorge Lozano, obispo
de Gualeguaychú, en un artículo difundido por
el boletín diocesano en el que advierte que los medios
de comunicación “apuntan contra la familia”
porque “se burlan de la fidelidad, se promueve la transa”
y “se festeja el engaño”. “Pero “cuando
hay niños o adolescentes implicados en algún
delito o hecho de violencia, enseguida se escuchan voces y
se ven dedos acusadores preguntando: ‘¿Y dónde
están los padres de esos chicos? ¿Dónde
está la familia?’”.
Al respecto, denuncia diversas causas de debilitamiento de
la familia, como las “situaciones persistentes de pobreza”,
el alejamiento de los padres por motivos de trabajo, “la
falta de una vivienda digna”, y “las discusiones
y peleas —fogoneadas en muchos casos por el alcoholismo
u otras adicciones”.
Ante estas “incoherencias”, en las que “por
un lado reclamamos la presencia y fortaleza de la familia,
y por otro es bastardeada y burlada”, el prelado sostiene
que “difícilmente podamos crecer en la amistad
social si no se empieza por casa, el hogar, la familia”.
Texto completo del artículo:
La familia es un tesoro
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú
y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
En estos últimos días se ha hablado mucho acerca
del matrimonio y la familia. En el Senado de la Nación
se aprobó una ley que modifica la institución
matrimonial. Lamentablemente no hubo suficiente debate, ya
que las audiencias públicas se realizaron solamente
en nueve provincias. En las demás, los ciudadanos no
pudieron expresarse institucionalmente ante sus representantes.
Es de lamentar y reprochar que nueve Senadores no hayan estado
a la hora de la votación. Un resultado tan ajustado
junto con esas numerosas y significativas ausencias dan para
pensar.
Es tiempo de apuntar a la familia, no para dispararle, sino
para fortalecerla y afianzarla. Sabemos que la familia es
la célula básica de la sociedad. En ella se
aprende lo más hermoso de la experiencia humana: amar
y ser amado. Ella es escuela de los valores más profundos:
aprender a rezar, decir la verdad, ayudar a cuidar al más
débil, participar cada uno según sus posibilidades
en el bienestar común.
Varias encuestas de opinión pública muestran
que los jóvenes valoran la familia y encuentran en
su casa el primer lugar para contar algún problema.
También entre los anhelos de los jóvenes aparece
en un primer término el poder formar una familia. Por
eso decimos que los argentinos somos muy familieros.
Sin embargo, cuando miramos algunos programas de TV o escuchamos
radio, parece lo contrario. “Apuntan contra la familia.”
Se burlan de la fidelidad, se promueve la transa, se festeja
el engaño. Se “muestra” que las relaciones
afectivas son superficiales, pasajeras; sin compromiso mutuo
y sin apertura a la vida teniendo hijos. Al “amor”
se lo entiende como autosatisfacción y no como donación
o entrega de sí. La búsqueda de placer sin importar
los demás no ayuda a que germinen y se fortalezcan
los lazos familiares.
Pero eso sí, cuando hay niños o adolescentes
implicados en algún delito o hecho de violencia, enseguida
se escuchan voces y se ven dedos acusadores preguntando: “¿Y
dónde están los padres de esos chicos? ¿Dónde
está la familia?”. Familia muchas veces llevada
adelante afectivamente por hermanos mayores, abuelos, tíos
u otros familiares dado que no hay papás o mamás
presentes —quizás— haciendo visible un
tipo de ausencia que podríamos llamar “estructural”.
Algunas situaciones persistentes de pobreza provocan la disolución
de la familia. A veces el papá o la mamá se
tienen que ir lejos a trabajar, o la falta de una vivienda
digna no ayuda al crecimiento y desarrollo de todos sus miembros.
Las discusiones y peleas —fogoneadas en muchos casos
por el alcoholismo u otras adicciones— van desgastando
la convivencia familiar.
Estas incoherencias me hacen acordar a la queja expresada
por el Tango “Cambalache”: “¡qué
falta de respeto, qué atropello a la razón!”.
Por un lado reclamamos la presencia y fortaleza de la familia,
y por otro es bastardeada y burlada. Difícilmente podamos
crecer en la amistad social si no se empieza por casa, el
hogar, la familia.
Fuente:
www.aica.org
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