La ola naranja llegó
a Buenos Aires trayendo buenas noticias para Argentina
Buenos Aires, 14-07-10. (AI).- Luego de recorrer numerosas
ciudades del interior del país, la ola naranja, que
identifica a los defensores del matrimonio y la familia en
nuestro país, tuvo su cresta en la multitudinaria manifestación
frente al Congreso Nacional. Y trajo buenas noticias: los
obispos argentinos apostaron a ganar las calles, los laicos
asumieron la estrategia y la sociedad ha decidido acompañar.
Como siempre, la mala noticia la dieron los medios nacionales
distorsionando la información y relativizando el valor
del acto.
No había choripán ni vino en cajitas. No se
requería asistir para cobrar el Plan Trabajar ni la
Asignación Universal. Tampoco había micros pagados
por el Estado o promesas de subsidios. Menos aún punteros
o delegados sindicales que mueven cuadros o estructuras. Por
supuesto que tampoco había barrabravas disfrazados
para la ocasión. No era que estaban en Sudáfrica
sino que nadie los llamó para hacer el papel de manifestantes
con su consecuente pago dinerario.
Los cien o doscientos mil, no importa la cifra, salieron de
sus casas, trabajos o lugar de estudios con sus banderas,
gorros, cintas o carteles naranjas. Sentían que debían
estar para poner freno a tanto relativismo y pérdida
de valores en la Argentina. Por eso, ante la falta de costumbre,
no saltaban o gritaban como la harían en un estadio
de fútbol o en un recital. Hasta que los consignas
levantaron el ánimo y el Himno requería cantarlo
con fuerzas renovadas.
Esta buena noticia de la sociedad movilizada proviene seguramente
de otra muy importante y está referida a laicos, no
solamente de la Iglesia Católica sino también
integrantes de Iglesias Evangélicas que asumieron el
rol de convocantes y organizadores. Como prueba de ello hay
un dato clave: los principales oradores del acto frente al
Congreso no fueron ni un cura ni un pastor sino que fueron
Justo Carbajales, en representación del DEPLAI (Departamento
de Laicos del Episcopado), y de Gastón Bruno, en representación
de ACIERA y FECEP, las dos instituciones que nuclean a las
iglesias evangélicas y pentecostales en nuestro país.
Tener este dato como relevante no es menospreciar la voz de
un obispo, sacerdote o pastor. Sino que como el ámbito
de debate y participación es el secular, o sea en el
mundo, es más propio que el laico comprometido con
su fe sea quien se ponga al frente de la participación
ciudadana.
En línea con esto, considero interesante el planteo
realizado por Bruno al decir que “somos seres sexuados,
genéticamente determinados como mujeres y varones y
biológicamente para procrearnos necesitamos de la unión
de un gameto masculino y uno femenino. Ningún movimiento
cultural puede desconocer esta verdad esencial”. Y este
ese el centro de la cuestión: hay en nuestro país
una batalla cultural por los valores, motorizada por un proyecto
político que hoy es gobernante y que todos, unos y
otros, debemos asumir. La buena noticia es que ayer el laicado
católico argentino decidió jugar su rol en la
partida.
Noticia episcopal
Finalmente, la última de las buenas noticias tiene
que ver con la decisión que han tomado nuestros obispos:
hay que salir a la calle a dar la pelea por los valores que
encarna en la vida del mundo la fe cristiana. Hay dos hechos
que dan prueba de ello.
El primero, muy trascendente, es la votación que se
hizo en la última asamblea plenaria del episcopado.
Se votó, - palabras más o menos-, si el modo
de enfrentar este debate era saliendo o no a la calle. Ganó
la posición de salir a enfrentar el tema, al punto
de que los obispos que habían votado por la negativa
también, pusieron todo para un resultado exitoso de
esta primera gran movilización en todo el país.
El segundo hecho, claramente comprobable, es la presencia
en nuestro país y en calidad de asesor del abogado
madrileño Ignacio Arsuaga Rato, el líder de
la ONG católica HazteOir. Es experto en participación
ciudadana e Internet, además de tener un conocimiento
pormenorizado de las posibilidades que acerca el universo
online para la participación política.
Militante católico, de 38 años, Arsuaga Rato
fue invitado por la ONG Argentinos por los Chicos, para transmitir
un saber estratégico: cómo logró movilizar
un millón de personas en 2005 en la marcha de oposición
a la sanción de la ley de matrimonio gay, impulsada
por Rodríguez Zapatero. Desde entonces, sigue batallando
mediante estudiadas tácticas y estrategias informáticas,
contra iniciativas, que, "disfrazadas de progresistas,
intentan imponer un cambio cultural y desnaturalizar las instituciones".
Los medios y las malas noticias
Como suele suceder, mal que nos pese o nos cueste entender
y más aun aceptar, las malas noticias provienen de
los medios de comunicación, distorsionando la información,
relativizando la movilización y retaceando el éxito
da la misma. Solo bastaba con ver la cobertura del evento,
con mitad de pantalla dedicada a este y la restante a cincuenta
personas que en el obelisco estaban a favor del matrimonio
gay. Tan desproporcionada era la comparación que el
camarógrafo ubicado en el obelisco debía evitar
que se moviera la cámara ya que si esto sucedía,
dejaba al descubierto que no había nadie más
en el lugar.
Completa esta actitud la intención de crear el clima
de que no eran tantos como se dicen, omitiendo la noticia
sobre las movilizaciones y expresiones en las principales
ciudades del país, y poniendo al aire testimonios,
sonidos e imágenes que sobrecargaban un clima de religiosidad.
Dando así el mensaje que eran estas las razones de
la manifestación y no las convicciones de vida del
pueblo reunido y expresándose, reclamando a sus representantes
legislativos para que sean fieles al voto otorgado.
Fuente:
www.anunciarinforma.com.ar
|