Atomizar, parece ser una practica rentable
Primero fueron los partidos políticos mediante aquello
de la “transversalidad”, luego fueron los sindicatos,
las obras sociales, y por último, después de
las controversias con el campo, los medios de difusión.
Es como que, atomizar, curubicar, desmembrar o dividir las
cosas en muchas partes, políticamente paga bien.
La atomización de los partidos políticos que
logra el kirschnerismo, da buenos resultados cuando, a pesar
de haber perdido su mayoría parlamentaria, la oposición
ha quedado tan dividida que le permite ejercer presiones sobre
aquellas partes –que aun siendo muy minoritarias- le
posibilitan ganar posiciones dentro del Congreso.
Con el espectro radioeléctrico de frecuencias de radiodifusión
pasa algo muy parecido. El gobierno dice que el pluralismo
debe expresarse a través de la mayor cantidad de medios
que sean posibles de instalar, y que estos deben ser autorizados
a todo tipo de entidad, de empresa o al propio Estado Nacional.
Sin embargo, cualquier entendido en comunicación social,
sabe que la saturación de información, en realidad
desinforma, y que la atomización del espectro (más
emisoras chicas, que grandes) impide acceder a la información
amplia y general y sólo permite la información
del ámbito local.
Y seguramente, para los gobiernos debe ser más conveniente
que la ciudadanía esté solamente informada de
lo que pasa a su acotado alrededor, que a ésta le lleguen
todas las noticias que se producen más allá
de sus alcances.
Por otra parte, que cada sector posea su propia emisora sólo
contribuiría a la polarización de las opiniones,
cosa rotundamente contraria al criterio de pluralidad. Esa,
también es una forma de atomizar la audiencia para
que cada parte sólo se escuche a sí misma y
no conozca lo que piensa o dice la otra.
Y, en nuestro país todo lo que pasa se parece a otras
cosas que ya ocurrieron en el pasado y sobre las cuales la
ciudadanía –imposibilitada de impedirlas- no
tiene más remedio que ser una sometida espectadora
de las consecuencias.
La atomización –en estos casos- se produce dentro
la misma sociedad; por ejemplo: la contaminación del
Riachuelo separa a la gente entre sanos y enfermos; la contaminación
del espectro radioeléctrico por causa de su atomización,
incomunicaría a los argentinos, y como estos, muchos
ejemplos más podrían ser señalados para
advertir que existe una estrategia que consiste en “atomizar”
para gobernar.
Conductas –históricamente- repetidas que conducen
de manera irremediable a las mismas consecuencias.
Pero, parece que, atomizar, dividir, curubicar o desmembrar,
resulta ser rentable para las apetencias políticas.
Mientras esto no cambie, tampoco cambiará nuestro destino
como país.
No se trata –específicamente- del peligro que
estaría corriendo la libertad de expresión,
sino, de la posibilidad de que se quiera dominar la orientación
de la información. Es sólo para pensar.
Edgardo Molo
Asesor Técnico Legal
Especialista en Radiodifusión
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