La Iglesia, los medios y sus medios

 

Si bien en nuestro país existe libertad de culto, es bueno reconocer que la Iglesia Católica Apostólica Romana, goza de la preferencia que le otorga el Artículo 2º, de la Constitución Nacional.

Dicho privilegio responde a que –la Iglesia Católica- se encuentra reconocida como la primera institución religiosa con presencia preconstitucional y fundacional, de nuestra nación.

Esta introducción no pretende justificar el privilegio constitucional ni distanciarse de los otros cultos religiosos que no poseen esa personería pública que también le ha sido reconocida. La Iglesia Católica, entonces, es ciertamente una institución que cumple un rol auxiliar y necesario para el propio Estado; es una de las cinco Personas Jurídicas de Carácter Público que contempla el Código Civil, a saber: El Gobierno Nacional, los gobiernos provinciales, las intendencias municipales, las universidades nacionales y la Iglesia Católica (única, no estatal).

Tres párrafos como los anteriores –ahora, en el 2010- alcanzan y sobran para entender las razones por las cuales –la Iglesia Católica- debía ser parte del coro de voces que se expresan a través de los medios de comunicación social de radio y televisión. Y digo “ahora”, porque antes, nada era suficiente, ningún argumento servía para que las autoridades comprendieran las razones que tenían los párrocos para pretender medios propios de difusión. Mucho pasó desde aquel Decreto Nº 909/91, que daba vida a la primera emisora autorizada de la iglesia; muchas personas, entre laicos, religiosos y hasta no religiosos, intervinieron para que el mensaje evangelizador estuviese en todos los hogares.

En tal sentido, la Iglesia Católica, es hoy parte de la gran familia de los medios; utiliza el mismo espectro radioeléctrico que nos pertenece a todos los ciudadanos, frecuencias de las mismas bandas, son vecinos de los otros medios existentes, es un servidor mas, pero con una responsabilidad mayor, dado que, la Iglesia como persona jurídica pública resulta ser una entidad que –si bien goza de la preferencia constitucional- eso la obliga -ante la sociedad- a observar, controlar y bregar por el respeto de los derechos de las personas –tanto en radiodifusión- como en otras cuestiones en las cuales el resto de las instituciones de la república tienen incidencia directa, como ser: instar a la erradicación del hambre y la indigencia, del aborto o señalar su postura respecto del matrimonio gay, etc.-

Pero, desde que la Iglesia hizo su aparición en los medios que son de interés público, muy poco se pudo advertir respecto a su participación en la defensa de todos los medios hermanos, en la defensa del buen uso de las frecuencias que pertenecen a la comunidad o en la defensa de la potencialidad de sus propios y consagrados derechos.

La radiodifusión argentina, está pasando por un momento -tan histórico como crucial- y hubiera sido sumamente importante para la ciudadanía, que la institución de la Iglesia Católica –también- hubiera intervenido –desde su pedestal- para opinar y señalarles a las autoridades el camino correcto a la hora de legislar en una materia tan estratégica como lo es la comunicación social. La iglesia es -sin ninguna duda- la reserva ética y moral de la Nación, y como tal, debería responder, más ahora, cuando la libertad de expresión y de información, corren un serio peligro.

Si todos miramos desde afuera como si fuésemos extraños, podría suceder que “el comienzo de lo nuevo, sea el final de lo bueno”.

Edgardo Molo
Asesor Técnico Legal
Especialista en Radiodifusión