La marcha de las paradojas por la ley de miedos


No se preocupe, ha leído usted correctamente, el título dice “miedos” en lugar de medios. Este ha sido el resultado de lo que he podido observar, desde mi punto de vista despolitizado, en la marcha realizada y concentrada, el pasado 15 de abril, en los Tribunales y en el Congreso, por la recuperación de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, actualmente suspendida por sendos fallos judiciales que cuestionan su constitucionalidad.

Ciertamente, lo ocurrido y observado, me hizo pensar mas sobre el fondo de la cuestión que en una buena, regular o mala ley de radiodifusión. Estoy convencido que para hacer las cosas bien no hace falta ley específica, pues, cuando si esa ley no existiera, opera –directamente- la Constitución Nacional, el máximo contrato de convivencia social del que disponemos los habitantes de este bendito país. Después, podrán discutirse los detalles dentro de una ley, pero nunca, violar los derechos y garantías que esta tutela.

Y basándome en ese concepto, me surgieron pensamientos que instalaron en mi aquello del “miedo” mencionado al comienzo del artículo, cuando –en realidad y pensándolo bien- se trata de una ley que sólo debe reglamentar el uso de aquellos derechos, y no otra cosa.

Pero, en toda manifestación –inevitablemente- aparece “el espíritu” que la motiva, y en esta mar-cha ese “espíritu” estaba omnipresente en cada pancarta, en los discursos y en las expresiones lanzadas por sus mentores. El marco, la forma y la oportunidad pusieron en evidencia las paradojas que hicieron de ese espíritu algo muy visible, hasta para la mirada de los menos entrenados.

Es de suponer que todos los argentinos coincidiremos en que se necesita un nuevo marco regula-torio de la radiodifusión y de otros modernos medios de comunicación; seguramente aspiramos tener una nueva ley que defienda el pluralismo democrático, la libertad de expresión y la libertad de información; pero, el espíritu de la marcha no hubo reflejado exactamente estas cuestiones básicas y fundamentales, especialmente enmarcadas en los documentos de las distintas organizaciones de los DDHH. Y ello, es lo paradójico.

Veamos. La marcha solicitaba la existencia de un mayor pluralismo en los medios de difusión, pero, paradójicamente, la Presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, presente en la marcha, ya había dejado -en oportunidad anterior y reciente- su inquietud pluralista y democrática, cuando “a viva voz”, pidió: “mirar sólo a Canal 7, escuchar Radio Nacional, o la 530, de las Madres...”.

Las pancartas eran ofensivas e insultantes hacia quienes –desde la prensa- piensan distinto; solicitaban igualdad de oportunidades, sin embargo, las Madres de Plaza de Mayo, recibieron de la gestión Kirschnerísta –en forma directa y sin concursos- la licencia de la emisora que poseen, en una clara demostración de “desigualdad ante la ley”. Y este comentario no significa –para nada- desconocer la lucha emprendida por esa entidad, en la defensa de los Derechos Huma-nos, que –paradójicamente- en esa oportunidad, parece ser, habría olvidado. Muchos radiodifusores, con pedidos mucho mas antiguos, nunca satisfechos –tal vez- hubiesen podido hacer lo mismo que las Madres, o más, o quizá en conjunto con ellas, pero, no pudo ser, porque la licencia se la adjudicaron a dicha entidad, por fuera de las normas.

Se entiende que la marcha era –entre otras cosas- para pedir por la libertad de expresión, pero, de la simple observación pude advertir que un gran número de las personas allí presentes habían sido “arriados como ovejas” por las organizaciones afines al poder; empleados de los entes estatales también fueron “persuadidos de la conveniencia” de asistir a la convocatoria como parte de sus tareas. Es decir, que de pluralismo nada, de democracia nada y de libertades nada.

En realidad, cuando las voces criticas intentan ser acalladas, cuando jueces y periodistas son escrachados o cuando las instituciones son desprestigiadas, flaco favor se le hace al pluralismo, a la democracia o a las libertades fundamentales, que se dice defender. Salvo algunos y sólo algunos pocos que sustentan la puesta en vigencia de la nueva ley suspendida, los restantes, eran parte de un rebaño que no que goza del pluralismo, ni de la democracia, ni de las libertades que pretendieron hacer creer, era el motivo de los reclamos.

Algunos no son libres por su pobreza, y otros, por ser empleados o funcionarios del Estado.

El espíritu imperante en la marcha me ha dejado un agrio sabor a sometimiento e indignidad. Nadie sabía del reclamo, pero reclamaban. Y a la masa se le ha inculcado que de no ser esta ley, ninguna otra podría dar satisfacción a las necesidades manifestadas por los distintos sectores de la comunidad, y eso es una tremenda falacia, ya que la nueva ley que defienden –paradójica-mente- tampoco satisface las verdaderas necesidades, ni cumple con los derechos esenciales que en el texto de su elevación dice respetar.

Tampoco me lleva a pensar en la existencia de buenas intenciones, cuando el propio gobierno anuncia el lanzamiento de una “Plataforma Digital”, que no es otra cosa que una central de distribución multiseñal de televisión gratuita –en principio- para una parte del conurbano bonaerense. Una central que –por lo dicho respecto al espíritu de la marcha- funcionaría como un “dique de contención” o como una “llave de corte”, de lo que se debe, o no, decir en dichos medios. Y todo ello, en clara desobediencia de los fallos de la justicia, que impiden todo avance fundamentado en la ley suspendida.

Por esa razón, creo que se trata de una Ley de Miedos, más que de Medios.

Miedo a que me elijan los contenidos de los programas; miedo a no saber lo que pasa en realidad; miedo a que -en nombre del pluralismo- sólo me dejen escuchar sus verdades; miedo al mensaje único. Miedo, a no poder elegir.

Y por el lado del oficialismo, el miedo a las opiniones diferentes o a las criticas; miedo a las corporaciones o mega corporaciones; miedo a los monopolios u oligopolios, miedo a escuchar otras ideas y opiniones. Miedos, miedos y más miedos, de toda naturaleza; y eso, es debilidad.

Nuestras leyes garantizan que nada de lo que no deba ser hecho pueda llevarse a cabo impune-mente, por lo tanto, no es posible concebir la existencia de tales miedos, por parte de las máximas autoridades de la Nación. Deben existir otras razones que desconocemos.

Hubiera sido mucho más impactante una marcha que no infundiera miedos o que no resultara paradójica; una marcha pluralista y democrática, en donde todos los sectores se pudieran expresar con libertad y en base al respeto de quienes opinan diferente. Suena utópico, ya lo se; pero, era eso y no algo distinto lo que se quería hacer creer como “el clamor de la gente en la calle”.

Lo que se pide de una nueva ley, por parte de todos los sectores sociales, es totalmente coincidente; pero, la confusión intencionalmente generada nos hace creer que están enfrentadas.

Marchemos todos juntos –sin miedos- hacia el mismo lado, el de las instituciones, la justicia, los derechos y obligaciones de todos; en definitiva hacia el lado de las leyes y de la Constitución, pues, de esa única manera nos podremos reencontrar con la buena fe que –seguramente- anida en cada idea, venga de donde venga, porque, todos somos argentinos.

Edgardo Molo
Asesor Técnico Legal
Especialista en Radiodifusión