| Iglesia, medios
de comunicación social y números
Buenos Aires, 25-11-09. (AI).- Los medios de comunicación
social (MCS) viven con la mirada puesta en los “números”
por los gastos que genera su mantenimiento. Pero a pesar de
esto, Fernando Pascual de GAMA, Semanario de Análisis
y Actualidad nos propone una manera distinta de medirnos,
incluso al momento de resolver a cuantos queremos llegar con
nuestra misión comunicadora.
Los medios de comunicación social (MCS) viven con la
mirada puesta en los “números”.
Necesitan un número amplio de suscriptores y de lectores
que les garantizan una buena difusión. Necesitan un
número no pequeño de patrocinadores y de anuncios
que a veces resultan vitales para garantizar la propia supervivencia
económica. Necesitan un número, esta vez más
pequeño pero no por ello menos relevante, de reporteros,
articulistas, escritores, que ofrezcan contenidos de calidad
y que atraigan así a los lectores y a los patrocinadores.
También los MCS católicos necesitan esos números.
Un periódico católico, un semanario católico,
una página de Internet católica, una radio o
una televisión católica, generan gastos y llevan
contabilidades de mayor o menor entidad, con números
más o menos importantes.
Muchos de esos medios no tienen un número elevado de
suscriptores, ni reciben dinero de la publicidad. Otros, gracias
a Dios, tienen muchos suscriptores pero no se financian a
través de anuncios. Por eso necesitan donativos y apoyo
de personas concretas, gracias a las cuales el periódico,
la radio, la televisión o la página de Internet
“sobreviven”.
Más allá de los números, incluso por
encima de ellos, existe una dimensión de los MCS católicos
que conviene no perder de vista: son instrumentos que transmiten
un mensaje de salvación.
En la perspectiva de la fe, tiene un valor casi infinito un
MCS católico con pocos suscriptores, con pocos oyentes,
con pocos accesos, si ha podido acercar el Evangelio a un
corazón, si ha llevado al sacramento de la confesión
a una persona que vivía en el pecado, si ha sacado
de la tibieza a un bautizado que desde ese momento se compromete
seriamente con su fe, si ha iluminado una vida hasta ahora
llena de desesperanza.
Vale mucho más que todos los datos estadísticos
y que todos los números esa ayuda a la fe que un MCS
pueda ofrecer a una persona concreta, pobre o rica, sana o
enferma, joven o madura en años, que vive cerca o lejos.
La valoración auténtica de un MCS católico,
por lo tanto, radica no en los números, sino en sus
contenidos: si son buenos, si se basan en las enseñanzas
de la Iglesia, si se elaboran desde la fe, con esperanza y
para el amor, tienen un valor incalculable, porque se convierten
en altavoces y en “sonidos” que el Espíritu
Santo puede usar para llegar a los corazones.
Vale la pena recordarlo, para agradecer a quienes llevan adelante
un apostolado maravilloso en los “nuevos areópagos”
del mundo de la información, muchas veces entre angustias
y faltas de medios materiales, pero con una dosis inmensa
de amor y de esperanza.
Vale la pena recordarlo para, también, colaborar generosamente
en los gastos de los MCS católicos. Con muchos bautizados
generosos, esos MCS podrán llevar adelante, en todo
el mundo, la gran tarea que nos dejó Jesucristo: “Id
por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación”
(Mc 16,15).
Fernando Pascual
fpa@arcol.org
Fuente:
www.anunciarinforma.com.ar
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