Aparantes buenas intenciones, pueden acarrear
otros resultados
Y esto es así, no porque lo diga el título,
sino, porque existen pruebas concordantes que demues-tran
una constante. “Cuando las casualidades son demasiado
reiteradas, en realidad, son causalidades”. En materia
de radiodifusión -desde hace muchos años- este
diagnóstico es una constante.
Pero, por supuesto, porque no se puede decir que los hechos
acaecidos puedan ser producto de la casualidad cuando los
entendidos, incluso los que no se conocen entre sí,
han hecho un mismo diagnóstico: el espectro radioeléctrico
-en democracia- ha sido enajenado por las propias autoridades
administrativas.
Dicho de esta manera parece terrible; pues bien, no lo parece,
en realidad es terrible.
Y no puede haber una lectura distinta, desde el momento en
que las autoridades fueron -fehacien-temente- advertidas de
lo que en aquel entonces (año 1992) parecían
ser errores de la administra-ción, y creyendo que podría
existir voluntad de subsanarlos. Más tarde, ante la
reiteración de los mismos graves errores, ya convertidos
en claras “irregularidades”, comenzaron a ser
denunciadas ante la autoridad de aplicación, la que
-extrañamente- en todas las gestiones, hizo oídos
sordos a tales cuestionamientos (existe abundante documentación
probatoria).
Es decir, hubo un comportamiento constante que derivó
en lo que -ahora- podría ser cataloga-do como una verdadera
“malversación de frecuencias”. De no haber
sido esa la intención, se habrían tomado cartas
en el asunto a fin de recomponer las irregularidades cometidas
a raíz de la tergiversación de las normas rectoras.
El Estado no puede aducir desconocimiento de esas nor-mas,
pues, dispone de todas las herramientas existentes para no
caer en burdas torpezas.
“Cuando la torpeza aparente supera los límites
de lo aceptable, pasa a ser sospechoso”.
Y las irregularidades cometidas, han sido tan torpes como
desprolijas. Nada ha sido respetado, ni los reglamentos, pactos
y convenios internacionales, ni las leyes de nuestro país,
ni la mismísima Constitución Nacional. No se
puede decir que en los organismos no hay idóneos, más
bien, po-dría decirse que los idóneos satisfacen
los caprichos de sus jefes, sin perjuicio de los perjuicios.
Es como que los funcionarios jefes, no advierten que sus inquietudes
políticas -a veces- deben so-meterse a los dictados
de la ingeniería. La radiodifusión es uno de
esos casos; la radiodifusión es una actividad sumamente
específica que debe ser encomendada a los verdaderos
profesionales, habida cuenta, que posee aspectos eminentemente
técnicos, legales y de tipo social.
La radiodifusión es el medio más penetrante
que ha dado la humanidad, muy por encima de todos los avances
tecnológicos que hoy en día nos subyugan con
sus “espejitos de colores”, los que tendremos
que pagar muy bien si los queremos disfrutar.
Un viejo precepto reza: “No todo lo que brilla es oro”.
Y el oro, no siempre es lo más importante.
Edgardo Molo
Asesor Técnico Legal
Especialista en Radiodifusión
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