| Inédito:
segundo pronunciamiento sobre el mismo tema en una misma semana
de reunión
Los obispos argentinos altamente
preocupados por la violencia y la pobreza.
Buenos Aires, 14-09-09. (AI).- Los obispos que participan
de la 98ª asamblea plenaria del Episcopado, en la casa
de ejercicios El Cenáculo-La Montonera, de Pilar, dieron
a conocer otro texto-comunicado donde manifiestan su preocupación
por la situación que vive nuestra patria. Especialmente
por la tensión política y la situación
social. El Episcopado renovó el llamado a comprometerse
“hacia un bicentenario en justicia y solidaridad, sin
pobreza ni exclusión, sin enemistades ni violencias”.
En el texto, se manifiesta preocupación por “la
crueldad y el desprecio por la vida en la violencia delictiva,
frecuentemente vinculada al consumo de drogas, que no sólo
causan dolor y muerte en muchas familias sino también
pone a los jóvenes en el riesgo de perder el sentido
de la existencia”. Pero hay una frase que se convierte
en una serie interpelación a la dirigencia nacional:
“la situación de pobreza, dramática para
muchos hermanos nuestros”.
No obstante reconocer que “aunque ya se han definido
algunos caminos de ayuda y asistencia para las necesidades
más urgentes, se hace necesario alcanzar estructuras
más justas que consoliden un orden social, político
y económico, con equidad e inclusión”,
insisten.
En cuanto al clima imperante en la vida política e
institucional de la Argentina, los obispos reunidos en la
Asamblea se lamentan porque ¨ percibimos un clima social
alejado de esas sanas aspiraciones de nuestro pueblo ¨.
Y señalan claramente que ¨ la violencia verbal
y física en el trato político y entre los diversos
actores sociales, la falta de respeto a las personas e instituciones,
el crecimiento de la conflictividad social, la descalificación
de quienes piensan distinto, limitando así la libertad
de expresión, son actitudes que debilitan fuertemente
la paz y el tejido social ¨.
La comunicación de un nuevo texto, el segundo en una
semana de deliberaciones de la Asamblea, donde se hace referencia
a estos aspectos de la vida nacional, poniendo énfasis
sobre la violencia y la pobreza reinante, es un hecho totalmente
inusual e inédito para una asamblea plenaria de los
obispos. Esto revela, el grado de preocupación y el
interés en llamar la atención al respecto.
El texto de la declaración lleva por título
“Somos hermanos, queremos ser Nación”,
y dice lo siguiente:
1. En el mes de noviembre del 2008, en el Documento “Hacia
un Bicentenario en Justicia y Solidaridad” (HB), delineamos
la necesidad de recorrer un camino basado en el diálogo
y en la búsqueda de consensos y acuerdos que confluyeran
en algunas políticas públicas, base de un verdadero
proyecto de Nación.
2. Ese Documento es fruto de nuestra experiencia pastoral,
que nos muestra que en el pueblo existen hondos deseos de
vivir en paz y en una convivencia basada en el entendimiento,
la justicia y la reconciliación.
3. En este tiempo, sin embargo, percibimos un clima social
alejado de esas sanas aspiraciones de nuestro pueblo. La violencia
verbal y física en el trato político y entre
los diversos actores sociales, la falta de respeto a las personas
e instituciones, el crecimiento de la conflictividad social,
la descalificación de quienes piensan distinto, limitando
así la libertad de expresión, son actitudes
que debilitan fuertemente la paz y el tejido social.
4. También nos preocupa la crueldad y el desprecio
por la vida en la violencia delictiva, frecuentemente vinculada
al consumo de drogas, que no sólo causan dolor y muerte
en muchas familias sino también pone a los jóvenes
en el riesgo de perder el sentido de la existencia.
5. La situación de pobreza es dramática para
muchos hermanos nuestros. Aunque ya se han definido algunos
caminos de ayuda y asistencia para las necesidades más
urgentes, se hace necesario alcanzar estructuras más
justas que consoliden un orden social, político y económico,
con equidad e inclusión.
6. Muchas veces no se encuentran fácilmente los medios
para atender y canalizar las necesidades legítimas
de los distintos sectores, pero siempre se debe tener en cuenta
que la democracia no se fortalece en la conflictividad de
las calles y rutas, sino en la vigencia de las Instituciones
republicanas.
7. Nuestra mirada sería incompleta si no señaláramos
como raíz del problema la crisis cultural, moral y
religiosa en que estamos inmersos.
8. La cultura relativista imperante, al tiempo que corroe
el sentido de la verdad, acentúa también el
individualismo que lleva al encierro y la indolencia frente
al sufrimiento del hermano y a un progresivo acostumbramiento
y resignación ante la pobreza y exclusión de
muchos. Por otro lado, el consumismo exacerbado de unos pocos
expresa la prevalencia de actitudes narcisistas y egoístas
en la sociedad.
9. Es una crisis moral porque se han debilitado valores fundamentales
de la convivencia familiar y social. La voluntad no se mueve
tanto para el servicio y la solidaridad sino tras lo placentero
del momento. La deuda social no es solamente “un problema
económico o estadístico. Es, primariamente,
un problema moral que nos afecta en nuestra dignidad más
esencial”. (HB5)
10. Es una crisis religiosa porque no hemos tenido suficientemente
en cuenta a Dios como Creador y Padre, fundamento de verdadera
fraternidad y de toda razón y justicia. Sin Dios estamos
como huérfanos y la sombra del desamparo se expande
sobre los que están a la intemperie social.
11. Ante la situación descripta, nos preguntamos: ¿Por
qué no hemos sabido concretar en la Argentina los sanos
deseos de nuestro pueblo? La vida en democracia requiere ser
animada por valores permanentes, y fundamentarse en:
• El respeto a la Constitución Nacional y las
Leyes.
• La autonomía de los Poderes del Estado como
principio fundamental de la República, y la vigencia
de las Instituciones.
• El bien personal y sectorial deben armonizarse con
la búsqueda del bien común, y siempre teniendo
particularmente en cuenta a los más pobres.
12. Tal como lo afirmamos en noviembre del año pasado,
renovamos el llamado a comprometernos hacia un Bicentenario
en Justicia y Solidaridad (2010-2016), sin pobreza ni exclusión,
sin enemistades ni violencias. Reafirmamos que “nuestra
patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, como
un regalo que debemos cuidar y perfeccionar” (HB11).
En ella todos somos corresponsables de la construcción
del bien común y creceremos sanamente como Nación
si afianzamos juntos nuestra identidad.
13. El próximo 10 de diciembre asumirán legisladores
y otros representantes que han sido electos durante este año.
Invitamos a nuestros fieles a que recemos en cada parroquia
y capilla en las Misas del sábado 5 y domingo 6 de
diciembre, por ellos y por todos los que tienen alguna responsabilidad
pública.
14. Renovando nuestra esperanza en Jesucristo Señor
de la Historia, pedimos a la Virgen de Luján nos ayude
a seguir construyendo una Patria de hermanos.
Fuente:
www.anunciarinforma.com.ar
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