El Instituto Grafotécnico,
75 años de ética periodística
Buenos Aires, 23 octubre 2009 (AICA).- En una entrevista
concedida a raíz de su medio siglo con el periodismo,
Ulises Barrera, egresado del Instituto Grafotécnico,
afirmaba: “Un buen educador enseña a través
de su modelo de conducta y de ética y así, los
periodistas podemos cumplir con las tres columnas que sostienen
nuestra profesión: ser militantes de la cultura, de
la libertad y de la ética. La educación ya no
forma, apenas instruye. En el viejo Grafo -urgaba en su memoria
Ulises Barrera- recibíamos de los profesores menos
palabras y más ejemplos. A esto se reduce el misterio
de la educación”.
“En nuestra comunidad -comentaba el entrevistado periodista-
cada vez es más infrecuente el hábito de pensar,
al que el periodismo debe estimular con su ejemplo y modelo”,
y a partir de su gran experiencia periodística concluía:
“El periodista debe tener visión de 360 grados
aunque su afirmación sea una parcela de ese universo
de conocimientos. Debe ser capaz de abarcar una lectura de
la realidad mundial”.
En este mismo orden de ideas, el profesor Hugo Aznar, docente
de Ética Pública y Ética del Periodismo
de la Universidad CEU de Valencia, España, escribía:
“Se plantea la importancia creciente de los medios de
comunicación y cómo influyen cada día
más y en más ámbitos de la vida de nuestras
sociedades, lo que hace no sólo oportuno sino imprescindible
plantearse los criterios éticos que deben guiar de
algún modo su actividad, así como la responsabilidad
que todos tenemos a la hora de que tales criterios se apliquen”.
“Los profesionales -confirmaba el profesor Aznar- deben
asumir la responsabilidad principal en la defensa de los valores
de la comunicación social. Frente a las exigencias
económicas (del empresario y de otros profesionales
que concurren a la actividad de los medios) y además
de las cuestiones tecnológicas (que también
deben conocer), el profesional es quien está llamado
a incorporar, a través de su labor cualificada, los
aspectos normativos a la comunicación social. Los aspectos
éticos de la comunicación deben entrar en el
proceso productivo de los medios gracias a los periodistas,
mediante su cualificación y preparación teórica
y su compromiso y experiencia prácticas”.
Lema y emblema
Éstos son, precisamente, los objetivos que la Escuela
Superior de Periodismo, del Instituto Grafotécnico,
se ha prefijado desde sus orígenes, hace más
de 75 años. El lema elegido el 24 de mayo de 1934 para
inaugurar las actividades del Instituto fue: “Mejorar
el magisterio de la prensa es elevar el nivel intelectual
y moral de toda la nación”. Este lema sintetizaba
la propuesta de esta nueva casa de altos estudios -la primera
en su tipo en Buenos Aires- que abría sus puertas para
formar periodistas.
Tampoco fue arbitraria la elección del emblema de la
institución del cual se dio esta explicación:
“La estrella simboliza la orientación y la iluminación
que es la misión esencial del maestro de la prensa;
la flor significa belleza y delicadeza, condiciones necesarias
para la eficacia y difusión del magisterio escrito”.
Los comienzos
En los primeros años de la década del 30 anduvo
por Buenos Aires un sacerdote español, el padre Zacarías
de Vizcarra, alejado de su patria por las turbulencias de
la época. Era un espíritu inquieto y deseoso
de fundar su fe religiosa en conocimientos sólidos
y acordes con las demandas del siglo en que debía proclamar
su ministerio. De su paso por la Argentina quedan rastros
a raíz de su colaboración en el surgimiento
de los Cursos de Cultura Católica, parcial antecedente
de la actual Universidad Católica Argentina, del Ateneo
de la Juventud, de la desaparecida Radio Ultra y, en especial,
del Instituto Grafotécnico.
Vizcarra tenía un interés preciso y bien meditado
en crear un lugar de formación cristiana para quienes
tuviesen que trabajar en los medios de comunicación.
La opción del sacerdote fue clara: él quería
un establecimiento cristiano y no confesional, entendido lo
primero como una cátedra inspirada en la jerarquía
de valores que entraña el cristianismo como visión
de las cosas, y lo segundo como un rechazo a las posiciones
que denoten sectarismo y que amenacen la unidad del cuerpo
comunitario.
Autoridades, profesores y alumnos destacados
El primer Consejo Superior -organismo tutor del Instituto
en los primeros 20 años- fue presidido por el doctor
Vicente C. Gallo, rector de la Universidad de Buenos Aires;
lo secundaban, entre otros, el arquitecto Alejandro Christophersen,
los historiadores Rómulo Carbia, Carlos Ibarguren y
Salvador Oría; los novelistas Manuel Gálvez
y Gustavo Martínez Zuviría; y los críticos
y ensayistas Juan Pablo Echagüe y Juan B. Terán.
Antes de regresar a España, en 1936, el padre Vizcarra
le pidió al padre Ercole Gallone, de la Compañía
de San Pablo, que la Obra Cardenal Ferrari se hiciera cargo
de la Escuela Superior de Periodismo. Vizcarra fue el primer
director del Instituto; en los siguientes años se sucedieron
en el cargo Alfonso Raffaelli, Hugo Parpagnoli, Luis Gil Montoya,
Basilio Uribe, Guillermo Meque, Francisco Papini, Antonio
Díaz Funes, Alcibíades Manuel Córdova
Alsina, entre muchos otros.
En 1958 el Instituto fue trasladado a un edificio histórico
en la calle Moreno 1921 entre Combate de los Pozos y Sarandi,
a dos cuadras del Congreso de la Nación, en donde se
encuentra actualmente.
Sin querer agotar la lista, podemos recordar brevemente a
algunos de los profesores que formaron a varias generaciones
de periodistas: Ángel Battistessa, Rodolfo Franco,
Juan Santos Valmaggia, Nicanor Costa Méndez, Leandro
Pita Romero, César Magrini, Eduardo Roca, Rinaldo Poggi,
Mariano Grondona, Nicolás Oscar Güell, Julio Mafud,
entre muchos otros. Y muchos e ilustres también fueron
los alumnos que frecuentaron sus aulas.
El “clima” del Grafotécnico
Pero más allá de los cambios determinados por
el paso del tiempo, nuestra Escuela ha podido mantener un
espíritu singular encarnado por sucesivas camadas de
directivos, profesores, estudiantes y personal no docente.
Un espíritu que describió el profesor Fernando
Sánchez Zinny de este modo: “El famoso clima
del Grafo, la gran familia que logró la convivencia
de generaciones separadas por tantas cosas, que hizo posible
la libre exposición desde la cátedra de ideologías
adversas y su libre comentario por parte de los alumnos, que
encauzó discusiones fecundas, que tendió tan
a menudo mantos de comprensión y de afecto, todo eso
en medio de las graves, las terribles alteraciones que el
mundo, el país y la especie humana han sufrido en el
curso de las últimas décadas”.
Éstas son las condiciones de estudio que este histórico
Instituto, la gran familia del Grafo, sabe ofrecer a sus estudiantes,
éste es el secreto de su ‘valor agregado’:
a una seria instrucción en las técnicas periodísticas,
actualizadas con las nuevas tecnologías, se une una
sólida formación humanística basada en
la jerarquía de valores cristianos.
“Yo creo -concluimos con las palabras del maestro Ulises
Barrera- que hay que enseñar periodismo “de pe
a pa”. Entiendo que a los estudiantes hay que enseñarles
que son periodistas apenas alguien les pide que hagan una
nota. A mi me llaman maestro y yo digo que soy alumno porque
todos tenemos que vivir en permanente tarea de aprendizaje.
Pobre el maestro que así no lo entienda porque nadie
da lo que no tiene, y para dar hay que seguir forjándose”.
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(Sergio Falvino).
Fuente:
www.aica.org
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