Padre Javier San Martín, s.j

 

Padre Javier San Martín, s.j

 

 

 

¿Deseas heredar la vida eterna?

Buenos Aires, 11-10-09.- Encontramos al Señor, que trata uno de los temas fundamentales de la vida sobre el cual nos preguntamos: ¿qué debemos hacer para salvarnos? Por lo general esta pregunta no la hacemos con frecuencia ya que estamos de tal manera imbuidos en la problemática de la vida cotidiana, en sus dificultades y alegrías, en sus triunfos y fracasos, que no se nos ocurre pensar en la vida más allá de la muerte. La ocasión para hablar de este tema se la brindó un joven que interesado en saber cómo salvar su alma se acercó y le preguntó: “Maestro Bueno, ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?”

 

(Escucha el comentario del Padre Javier San Martín, s.j)

 

 

DOMINGO 28º Del Tiempo Ordinario
"B": Evangelio según San Marcos 10, 17 al 30

Domingo 11 de Octubre 2009

 

Hoy nos reunimos para celebrar con especial alegría el DOMINGO VIGÉSIMO OCTAVO DEL TIEMPO ORDINARIO. Encontramos al Señor, que trata uno de los temas fundamentales de la vida sobre el cual nos preguntamos: ¿qué debemos hacer para salvarnos? Por lo general esta pregunta no la hacemos con frecuencia ya que estamos de tal manera imbuidos en la problemática de la vida cotidiana, en sus dificultades y alegrías, en sus triunfos y fracasos, que no se nos ocurre pensar en la vida más allá de la muerte. La ocasión para hablar de este tema se la brindó un joven que interesado en saber cómo salvar su alma se acercó y le preguntó: “Maestro Bueno, ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?”

La pregunta suscitó interés entre los presentes ya que generalmente, los que se acercaban a Jesús eran los que deseaban ser sanados de sus enfermedades o liberados de los espíritus del mal. El joven estaba bien vestido por lo que se veía que pertenecía a una clase social acomodada. El maestro lo miró complacido, y le respondió: - “¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno sino solo Dios”. Y con actitud de acogida y bondad le fue diciendo cuáles eran las principales obligaciones de aquellos que querían alcanzar la vida eterna: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honrarás a tu padre y a tu madre…” Esta enseñanza para nosotros no era nueva. Pudimos sentir la fuerza y la importancia de los mandamientos. El joven, con mirada inteligente, escuchaba y le dijo: “Maestro, desde niño he cumplido todo eso, ¿qué más debo hacer?” Se podía notar en él un verdadero interés por la vida eterna. Entonces el maestro, con gran complacencia y una mirada de amistad, le dijo: “sí, hay algo más y muy importante: anda, vende todo lo que tienes, da el dinero a los pobres y ven y sígueme”.

La respuesta era sincera y muy exigente. Al escucharla se sintió una gran turbación en el grupo. El joven se sintió débil para hacer lo que le pedía el Maestro y, sin decir una palabra, se retiró. Y en todos quedó un sinsabor porque saltaba a la vista lo difícil que era conseguir la salvación. Jesús, comprendiendo el sentimiento del grupo, aprovechó para subrayar gráficamente la dificultad y dejarla bien en claro. “¡Que difícil será que los ricos entren en el reino de Dios!” Y les puso una comparación que ha quedado como proverbial “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos”. La salvación exigía, pues, no solo el cumplimento de los mandamientos sino la renuncia de los bienes y halagos de la vida.

Esto nos puso los pelos de punta porque nos dimos cuenta que era prácticamente imposible entrar en el reino de los cielos puesto que se exigía una actitud heroica, que no todos sentíamos de tener. Cuando vimos al joven retirarse, sentimos una gran pena. La meta de la salvación a la que todos aspirábamos era humanamente inalcanzable. ¡Que desilusión, que fracaso! Los planes que habíamos estado abrigando se derrumbaban.

Pero el Maestro, percibiendo la intranquilidad del grupo, les dijo con mucho cariño: “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. Él lo puede todo”. Estas palabras volvieron a dar ánimo al grupo y Pedro, aprovechó para preguntar en que situación se encontraban los que como ellos habían dejado todo para seguir al Maestro. Y la respuesta de Jesús fue verdaderamente consoladora: “Les aseguro que quien deje casa, hermanos o hermanas, madre o padre, hijos o tierras, por mi y por el evangelio, recibirá ahora en este mundo, cien veces más - casas, hermanos, hermanas, madres e hijos y tierras, con persecuciones, y después, la vida eterna”.

Esta es la promesa que el Señor hacía a los que se lanzaban a buscar la vida eterna. Esta es la gran noticia para los que renunciarán a las pocas cosas que se tienen en la mano para seguir al Maestro. La renuncia se transformará de manera increíble y milagrosa en tantos bienes, aunque no sin problemas, persecuciones y dolor.

Señor, sé que este será el signo que quedará para siempre en medio de nosotros, que nos recordará que tu sigues actuando en medio de nosotros. Ahora sí comprendo que tú nos propones un intercambio increíble. Por unas cuantas cosas materiales a las que renunciamos, adquirimos la felicidad en la tierra y la vida que no tiene fin. Haz Señor que lo que ahora comprendo, guíe toda mi vida.

Y AHORA VIENE LO MÁS IMPORTANTE

Bien amigos, así terminamos esta breve reflexión dominical.

Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús.

Toma el texto del evangelio en tus manos, San Marcos, capítulo 10, versículos del 17 al 30 y trata de sentir lo que el Señor te quiere comunicar.

Evangelio según San Marcos 10,17-30.

 

17Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante él, le preguntó:
«Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?»
18Jesús le dijo:
« ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. 19Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.»
20El, entonces, le dijo:
«Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.»
21Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo:
«Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.»
22Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.
23Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos:
« ¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!»
24Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo:
« ¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! 25Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.»
26Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros:
«Y ¿quién se podrá salvar?»
27Jesús, mirándolos fijamente, dice:
«Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.»
28Pedro se puso a decirle:
«Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
29Jesús dijo:
«Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, 30quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.»

 

El Padre Javier San Martín te agradece tu atención y se despide hasta el próximo domingo.

 

Si quieres compartir tu reflexión puedes escribirme a: jsanmartin@shc.edu

 

Fuente:
http://faculty.shc.edu/jsanmartin/