Los
católicos deben saber quién está detrás
del escenario
Denver (Estados Unidos), 08 octubre 2009 (AICA).- Monseñor
Charles Joseph Chaput, un capuchino arzobispo de Denver, una
de las diócesis estadounidenses con más católicos,
y que suele hablar con valentía sobre los temas más
actuales, dijo que los medios de comunicación tienen
una influencia increíble en la formación de
la opinión pública, y es urgente que los católicos
comprendan cómo se informa de las noticias y quién
está trabajando detrás del escenario.
El arzobispo lo afirmó en un discurso dirigido a “Legatus”,
una organización de hombres de negocios y empresarios
católicos. Su discurso se titulaba “Los católicos
y el cuarto poder”, haciendo referencia a un término
acuñado en tiempos de la Revolución Francesa.
En aquella época, en Francia, a los tres principales
pilares de la sociedad -el clero, los nobles y el pueblo común-
se les llamaba los tres “poderes” de la sociedad
francesa. Modernamente se agregó el “cuarto poder”,
la prensa y en general los medios modernos de comunicación
social.
“Los medios de los Estados Unidos tienen un enorme
poder a la hora de formar opinión”, afirmaba
monseñor Chaput. “De ahí que sea vital
para los católicos comprender cómo trabajan
los medios y, especialmente, cuando trabajan sobre nosotros”.
“La mayor parte de lo que sabemos del mundo viene de
gente con la que nunca nos encontraremos y a la que, en realidad,
no comprendemos”, explicaba. “Nunca pensamos en
ellos como individuos. Por el contrario, normalmente hablamos
de ellos como de un grupo, de un gremio: los medios, o la
prensa”.
“No obstante, detrás de un editorial de Los
Angeles Times o de una emisión de Fox News hay seres
humanos con opiniones y prejuicios personales. Estas personas
seleccionan y enmarcan las noticias. Y cuando leemos sus artículos
en el diario, o en los programas de televisión, nos
sumimos con ellos en una especie de intimidad intelectual
del mismo modo que ustedes hacen conmigo al escucharme ahora
mismo”.
Aunque admite que “esto no es necesariamente una mala
práctica”, se debe ser consciente de quién
está detrás de las noticias.
“Normalmente sabemos muy poco sobre la persona que
escribe un editorial sin firma o sobre las personas que crean
las noticias por la noche”, afirmó el arzobispo.
“Y es necesario hablar de ellos. Y este es el porqué.
En una sociedad de la información, las personas que
conforman nuestra información controlan la conversación
pública”.
Calificando a los medios y a las técnicas que emplean
de una clase de ‘imperialismo suave’, el prelado
observaba que “como quiera que sea, la mayoría
de nosotros define las ‘noticias’ por lo que recibe
más atención de un puñado de medios importantes”.
“El poder de los medios para formar la opinión
pública es lo que hace tan vital para nosotros el que
comprendamos su elemento humano”, indicaba monseñor
Chaput. “Si no reconocemos la química personal
de los hombres y mujeres que nos traen nuestras noticias -sus
puntos de vista culturales y políticos, sus presiones
económicas, sus ambiciones sociales- erraremos con
los medios encuadrándolos en un estándar demasiado
bajo. También erraremos -algo que es mucho más
importante- nosotros mismos al descuidar el pensar y el actuar
como ciudadanos inteligentes”.
Pensando poco
Monseñor Chaput habló sobre cómo Internet
y las emisoras de noticias 24 horas por cable han cambiado
de forma fundamental no sólo el ciclo de noticias,
que solían marcarse por las ediciones de mañana
y de tarde de un periódico, sino también la
forma en que la sociedad consume las noticias.
“Durante los últimos 50 años nuestra cultura
se fue deslizando desde la palabra impresa hacia las comunicaciones
visuales, que se inclinan mucho más hacia la sensación
y el consumo pasivo”, afirma el prelado. “Esto
tiene consecuencias. Cuando muere una cultura impresa, las
ideas, instituciones e incluso los hábitos de comportamiento
público construidos sobre dicha cultura comienzan a
debilitarse”.
“Los medios visuales y electrónicos, los medios
dominantes de hoy, necesitan una cierta clase de contenidos.
Prosperan con la brevedad, la velocidad, el cambio, la urgencia,
la variedad y los sentimientos. Pero pensar requiere lo contrario.
Pensar lleva tiempo. Necesita silencio y los metódicos
hábitos de la lógica”.
Aunque reconoce las ventajas de tener acceso a más
información, monseñor Chaput se lamenta de que
la tecnología haya “minado la disciplina intelectual
que una vez tuvimos cuando nuestras principales herramientas
de comunicación eran los libros y las publicaciones
impresas. Esto no es bueno para el desarrollo. Es algo muy
peligroso en una democracia, que es una forma de gobierno
que exige madurez intelectual y moral de sus ciudadanos para
sobrevivir”.
Aunque no anima a la gente a desprenderse de computadoras,
teléfonos celulares y otros dispositivos de la nueva
tecnología, el arzobispo pide tener en mente que “el
progreso material nunca es una bendición pura”.
“Da y quita”, explica. “Y tiene siempre
consecuencias no intencionadas, lo que significa que es necesario
que estemos más -y no menos- vigilantes sobre el modo
en que nuestros medios nos forman, y sobre cómo su
influencia conforma el contenido de nuestra vida pública”.
Comprender el sentido
La segunda preocupación que plantea el arzobispo Chaput
es el hecho de que los medios hayan perdido el rumbo a la
hora de cubrir las historias con el “espíritu
acertado”.
Lo explica recordando que la prensa tiene un importante papel
en el orden pública de los Estados Unidos: “La
prensa es el único campo, además de la religión,
que se cita explícitamente para su protección
en la Primera Enmienda.
Thomas Jefferson, escribiendo durante su presidencia, hablaba
sobre la importancia de una prensa libre de esta forma: ‘Ningún
experimento puede ser más interesante que el que tenemos
entre manos, y que confiamos que terminará por establecer
el hecho de que el hombre puede gobernarse por la razón
y la verdad. Nuestro primer objetivo, por tanto, debería
ser dejarle abiertos todos los caminos a la verdad. El más
eficaz encontrado hasta ahora es la libertad de prensa’”.
El arzobispo califica las palabras de Jefferson como “impactantes,
porque su defensa de una prensa libre subraya que la libertad
es un medio y no un fin en sí misma. Observen lo que
él define como el objetivo de la libertad de prensa:
la razón y la verdad necesarias para el autogobierno”.
“En nuestra propia época, el mundo de los medios
-incluso cuando debate temas serios- suele parecer menos interesado
en la razón y en la verdad que en los que Christopher
Lasch denominaba ‘gestos ideológicos’;
en otras palabras, los lemas llamativos y los eslóganes
tribales pensados para conformar nuestro pensamiento en vez
de animarlo”.
“Los medios de comunicación, a pesar de sus
proclamas de imparcialidad, y a pesar del buen trabajo que
suelen cumplir, son tan propensos al prejuicio, a la ignorancia,
a las malas artes y al partidismo como cualquier otra profesión”,
afirma. “Pero contrariamente a las demás profesiones,
la prensa tiene protecciones constitucionales. También
tiene un verdadero poder para conformar cómo pensamos,
sobre qué pensamos y qué queremos, no queremos
e ignoramos”.
“Los medios de comunicación de los Estados Unidos,
incluyendo los nuevos medios, son el sindicato catequético
más grande de la historia. Y si esta clase de poder
no nos hace estar inquietos, debería al menos hacernos
estar alerta”.
Fuente:
www.aica.org
|