Ley del Silencio

Ahora le toca a la justicia

 

Los argentinos, hemos decidido vivir en democracia, elegimos una política representativa y republicana, pero, desde la recuperación del sistema, no hemos logrado entender el profundo cambio que ello suponía, en cuanto a los derechos y obligaciones que los individuos debían asumir para aportar al conjunto de la sociedad.

 

Los representantes no pudieron despegarse de las viejas políticas y continuaron haciendo todo lo suyo en el marco del “más o menos”, sin mucha precisión, tanto como “pa’ ir tirando” y con muy escaso compromiso.

Claro, que para poder comprometerse en algo, mínimamente, hay que poseer alguna noción de lo que se habla a la hora de tener que defender.

 

Y nadie puede defender bien aquello que no conoce, o que no ama.

 

Nuestros más preciados tesoros, como las leyes, la Constitución Nacional, los acuerdos internacionales, la libertad de expresión, el derecho a la información, el interés público, el pluralismo, la seguridad jurídica, etc., quedaron en manos de quienes -por lo visto- tienen una muy vaga idea de lo que todo eso significa para la vida de las personas dentro de una democracia. Y nuestros representantes no lo supieron defender, no pudieron oponerse al dictado de una ley que tiene tanto que ver con los derechos inalienables de los ciudadanos.

 

En consecuencia, es el turno de los jueces; más de los jueces que de la balanza de la justicia, que tantas veces parece “desbalancearse”.

 

Siempre nos han enseñado que las leyes no pueden contradecir la constitución, y que las leyes injustas son el comienzo de las tiranías. Por lo tanto, corresponde a los jueces dirimir estas cuestiones, cuando las garantías constitucionales son puestas en peligro.

 

Un representante del oficialismo dijo que los grupos monopólicos o de concentración no pueden resguardarse en derecho adquirido alguno, cuando lo que tienen no ha sido obtenido conforme a las leyes. Esa interpretación habilita a que todas las licencias de sistemas multicanales de televisión codificada en Banda de UHF (aprox. 2.013 canales), adjudicadas en abierta violación de la normas vigentes, también, entrarían en esa misma interpretación.

Sería bueno conocer entonces, por qué de estas adjudicaciones que representan una concentración aún mayor que la que se quiere combatir, no se habla, o no aparece, ni mínimamente, planteada en el Proyecto de ley.

 

El desorden siempre es proporcional a la tolerancia que se le tiene.

 

Los jueces ahora deberán evaluar si el desorden planteado es posible de tolerar en una democracia que -definitivamente- quiere salir de la dictadura.

 

Edgardo Molo
Asesor Técnico Legal
Especialista en Radiodifusión