Arquidiócesis
ecuatoriana rechaza uniones homosexuales y explica implicancias
GUAYAQUIL, 28 septiembre 2009 (ACI).- El Vicario de la Pastoral
Familiar de la Arquidiócesis de Guayaquil, P. Alfonso
Avilés, repudió la reciente decisión
de algunas notarías en Quito de "legalizar"
algunas uniones homosexuales equiparándolas al matrimonio
y explicó que "no hay discriminación cuando
no se le da a una persona los derechos que no le corresponden".
En una carta de protesta dada a conocer hoy, el sacerdote
señaló que la "Constitución de Montecristi
era el ‘caballo de Troya’ a través del
cual se infiltraron en Ecuador las ideologías amorales
que imperan en el mundo actual. Cuando la Iglesia dio su voz
de alarma, el Gobierno dijo todo era cuestión de interpretaciones
y que garantizaba que en este país jamás se
permitiría la corrupción de costumbres".
Tras citar un texto de la Congregación para la Doctrina
de la Fe que explica por qué no son correctas las uniones
homosexuales, el sacerdote resalta que "dos homosexuales
tienen los derechos de todo ciudadano, no en cuanto homosexuales,
sino en cuanto son ciudadanos".
"Dos homosexuales pueden comprar una casa, como pueden
hacerlo un hermano y una hermana, o dos hermanos, o dos amigos,
acudiendo al marco jurídico del Derecho Civil, sin
que sea necesario crear una ley especial para ellos. ¿Qué
tiene el homosexual por encima del heterosexual para pretender
normativas para ellos por el simple hecho de ser homosexuales?
Que se acojan al Derecho civil, y punto", continúa.
Para el presbítero, lo que se busca en el fondo con
este tipo de medidas legales es "lograr la aceptación
de la cultura homosexual; la corrupción de las mentes,
sobre todo de las nuevas generaciones; y la destrucción
de la familia como obra de Dios".
Reiterando que no existe la discriminación a la que
aluden los grupos de presión homosexual, el P. Avilés
pone un ejemplo: "una persona joven no tiene por qué
sentirse discriminada si se le niega la pensión de
la tercera edad". Entonces, señala, "el matrimonio
corresponde por derecho natural, por disposición divina,
a un hombre y a una mujer. Por tanto, no hay discriminación
de nada".
En segundo lugar, prosigue, "una minoría no merece
el respeto por ser una minoría, sino porque sea justa
su reivindicación. Y lo que pide esa minoría
–equiparar la unión homosexual al matrimonio–
no es justo, pues ni tienen los mismos fines (procreación),
ni tienen los mismos componentes (hombre y mujer)".
Tras reiterar el rechazo de estas uniones por parte de la
Conferencia Episcopal Ecuatoriana, el Vicario Pastoral cuestiona:
"¿Tendrá el Gobierno la valentía
para rechazar la legalización de las uniones homosexuales
y cumplir la palabra que dio a todo el País de defender
las buenas costumbres, e impedir que la minoría gay
sea la que marque el paso de la política del Ecuador?"
"Si el Gobierno no sale al paso de estos hechos, oponiéndose,
no puede negar que están contribuyendo a la ‘sodomización’
y ‘gomorrización’ del País, por
muy ‘católicos’ que se proclamen",
concluye.
Fuente:
www.aciprensa.com
|