Primera
etapa de su viaje a la República Checa
Benedicto XVI mostrará a
Praga sus raíces cristianas
PRAGA, miércoles, 23 septiembre 2009 (ZENIT.org).-
Majestuosa, enigmática, llena de cultura e historia.
Así es la capital de República Checa que se
prepara para recibir este sábado al papa Benedicto
XVI. Un viaje de dos días en el que el pontífice
quiere recordar raíces y los valores cristianos del
continente europeo, así como dar un impulso a la libertad
y la democracia.
Una ciudad que ha sido escenario importantes acontecimientos
históricos del siglo XX: las dos guerras mundiales,
la revolución rusa, la caída de la cortina de
hierro y el comienzo de la democracia.
Un lugar en el que se entrelazan elementos de la cultura
checa, alemana y judía.
Por los innumerables tesoros de arte, historia y arquitectura,
Praga es una de las 20 ciudades más visitadas del mundo.
Recibe anualmente 6 millones de turistas. Su centro histórico
fue declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.
Fundada en el año 870, nace de la progresiva fusión
de otros cuatro pequeños conglomerados urbanos: Hradcany,
el Castillo, al oeste de Moldavia; Malá Strana, donde
estaba el pequeño barrio en el área al sur del
castillo; Staré Mesto, la ciudad vieja, sobre el lado
oriental opuesto al castillo, y Nové Mesto, la Ciudad
nueva al sur oeste.
Niño Jesús: una devoción de
raíces españolas
Luego de la ceremonia de bienvenida y del discurso que ofrecerá
a su llegada en el aeropuerto internacional Stará Ruzyne,
este sábado el Papa se dirigirá a la Iglesia
Santa María de la Victoria, cuyo cuidado pastoral está
a cargo de los padres carmelitas descalzos.
Este templo, que originalmente fue luterano, alberga una
figura venerada y cuidada durante siglos: el Niñito
Jesús de Praga.
La historia de esta imagen comienza en el sur de España.
Se desconoce el nombre del escultor. Al parecer proviene de
un convento de Córdoba.
De allí la llevó la reina Isabela Manrique
de Lara y Mendoza. Su hija María Manrique se casó
con un noble checo Vratislav di Pernstein.
Como regalos de nupcias la recibió su hija Polyssena,
al casarse con Vilem di Rozumberk. Ella al no tener hijos,
regaló esta estatua al prior de los padres carmelitanos
descalzos en 1628.
Tres años más tarde el ejército de Sajonia
se apoderó de Praga, saqueando los conventos y las
iglesias. La estatua del Santo Niño sufrió severos
daños.
Sólo seis años después fue reencontrada
cuando viajó a Praga el padre Cirilo de la Madre de
Dios, proveniente del convento de Padres Carmelitanos Descalzos
en Baviera.
Logró hacer financiar la reparación. El niño
volvió a ser objeto de culto y él al venerarlo
le atribuyó varios milagros, entre ellos la salvación
a la ciudad en ocasión de un asedio de parte de los
suecos.
En 1655 el entonces obispo auxiliar de Praga puso solemnemente
sobre su cabeza una corona de oro que mandó hacer el
noble Bernardo Ignacio di Martinic.
Luego la estatua fue puesta en la capilla de la entrada de
la Iglesia y más adelante, debido a la gran afluencia
de peregrinos en 1741 fue cambiada al altar lateral del medio.
Ahora el altar es hecho para destacar la espiritualidad del
Santo Niño. En línea horizontal, a la izquierda
está María y a su derecha está San José.
Con ello se quiere indicar que "el Santo Niño
de Praga es comprensible sólo al interior del misterio
del encuentro con la familia divina y la familia humana"
Hoy la fiesta anual del Niño Jesús de Praga
se celebra el primer domingo de mayo.
La imagen mide 47 centímetros. Es construida en cera
y se cree que tiene una estructura interna de madera.
Tiene más de 100 hábitos que han sido elaborados
y donados por altas personalidades alrededor del mundo. Al
ser tan delicada esta imagen sólo algunas religiosas
especializadas y expertas la pueden cambiarle los vestidos.
La estatua posee dos coronas: una original de 1767 y otra
hecha entre 1810 y 1820.
Un castillo lleno de arte e historia
Otro lugar milenario de la capital checa que será
visitado por Benedicto XVI este domingo es el Castillo de
Praga. De un monumental e imponente tamaño: 570 metros
de largo y 128 metros de ancho en una superficie de 7, 28
hectáreas.
Según algunas indagaciones arqueológicas su
construcción se remota al año 880 bajo la orden
del príncipe Borivoj de la dinastía de Premyslidi.
Fue la residencia del rey de Bohemia, de los emperadores
del Sacro Imperio Romano, de los presidentes de Checoslovaquia
y presidentes de República Checa. También fue
sede episcopal.
Se encuentra también al interior la Iglesia de San
Jorge, junto al monasterio de los benedictinos, fundado en
973 que alberga importantes joyas del arte.
Desde de 1989 los turistas pueden tener acceso a otras áreas
del castillo como el Jardín Real, la Sala de la Palla
Corda y los jardines meridionales y las caballerizas imperiales.
En el salón de Vladislav el pontífice tendrá
este domingo un encuentro con el mundo académico.
Fuente:
www.zenit.org
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