Propuesta
de la Pastoral Social porteña por el Bicentenario
200 obras de Amor Social para erradicar
la pobreza en la ciudad
Buenos Aires, 23-09-09. (AI).- Los miembros de la Pastoral
Social de la Arquidiócesis de Buenos Aires proponen
realizar 200 obras concretas para lograr la erradicación
de la pobreza que exige la realización de la justicia
social. Esta invitación se dio en el marco de la XII
Jornada de Pastoral Social y motivada por la conmemoración
del Bicentenario de la Patria.
Para la Pastoral Social porteña plantearse la tarea
de construir una sociedad más igualitaria, comienza
por “la erradicación de la pobreza extrema aplicando
políticas públicas eficaces, y continúa
necesariamente, por el cambio y la transformación de
los marcos institucionales que regulan la concentración
de la riqueza”. Consideran que terminar con la pobreza
es “una exigencia ética”, empezando con
que los pobres dejen de ser objeto del asistencialismo del
Estado.
También entienden que para esto hay que reconstruir
los vínculos sociales y el tejido social. Especialmente,
con un cambio prioritario de la clase política para
que esta “tome debida conciencia del momento histórico
que vivimos y se comprometa en el reconocimiento de la desigualdad,
como el eje problemático prioritario que deberemos
abordar para ser coherentes con el compromiso democrático
y consistentes con la construcción de una nación
soberana”.
Para esto proponen la realización de 200 obras de
Amor Social para un Bicentenario en justicia y solidaridad
para la ciudad de Buenos Aires. 200 obras que "tuerzan
destinos", que cambien realidades, que favorezcan la
vida. 200 obras que sean gestos simbólicos y a la vez
concretos de solidaridad, apoyo, promoción humana y
social y que contribuyan a unir, vincular, relacionar, tender
puentes entre las diversas realidades de nuestra ciudad.
Lograrlo supone, según este documento, “una
comunidad que se organiza para combatir la desigualdad y erradicar
la pobreza en nuestro país con creatividad y participación”.
Texto Completo de la declaración
Con motivo de la próxima celebración del Bicentenario
del surgimiento de nuestra patria, queremos agradecer a la
Providencia por el don de Dios que representa nuestra identidad
como pueblo y la esperanza de construir una nación
más justa y solidaria.
En este sentido, no podemos ignorar los problemas crecientes
que enfrentan nuestros hermanos y que han agravado las condiciones
de marginalidad y exclusión, conformando una sociedad
cada vez más fragmentada y debilitada en su capacidad
de mantener lazos de convivencia, así como dividida
y enfrentada entre sí por la dinámica de la
acumulación del poder y la riqueza en un extremo y
la desolación y la desesperanza en el otro.
En este marco, las reflexiones de esta XII Jornada de Pastoral
Social, no pueden obviar la responsabilidad que le cabe a
todos los sectores de la clase dirigente argentina en torno
a plantearse la Inequidad y Desigualdad Social como el eje
problemático de la construcción de la Democracia
en nuestro país.
La erradicación de la pobreza exige la realización
de la justicia social. Esta nos interpela y exige la participación
de todos los actores sociales, en particular al Estado, a
la dirigencia política, al capital financiero, los
empresarios, agropecuarios e industriales, sindicatos, las
iglesias y demás organizaciones sociales.
Plantearse la tarea de construir una sociedad más
igualitaria, comienza por la erradicación de la pobreza
extrema aplicando políticas públicas eficaces,
y continúa necesariamente, por el cambio y la transformación
de los marcos institucionales que regulan la concentración
de la riqueza; y lo más importante, comprometerse con
el propósito de que los cambios resulten en mejores
condiciones de vida y perspectivas de futuro para los más
débiles.
Tenemos que asumir la erradicación de la pobreza como
una exigencia ética porque de lo que verdaderamente
se trata es de "los pobres", que exigen y tienen
el derecho de participar y gozar de los bienes materiales,
espirituales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo
y desarrollarse integralmente como persona.
No podemos responder con verdad al desafío de erradicar
la exclusión y la pobreza, si los pobres siguen siendo
objetos, destinatarios de la acción del Estado y de
otras organizaciones en un sentido paternalista y asistencialista,
y no sujetos, donde el Estado y la sociedad generan las condiciones
sociales que promuevan y tutelen sus derechos y les permitan
ser constructores de su propio destino.
Para erradicar la pobreza es necesario reconstruir el tejido
social y los vínculos sociales entre los argentinos.
Nos obliga a trabajar para cambiar las causas estructurales
y las actitudes personales o corporativas que generan esta
situación; y a través del diálogo lograr
también los acuerdos que nos permitan transformar esta
realidad escandalosa. Hay que recobrar la utopía y
el sentido por el valor de la vida.
Queremos un Estado que no se limite a su función de
reglamentar y regular con criterios de equidad; queremos además
un Estado que cumpla una función Tutelar de promoción
de los derechos de nuestros hermanos que padecen la mayor
vulnerabilidad social.
Queremos una clase política que tome debida conciencia
del momento histórico que vivimos y se comprometa en
el reconocimiento de la desigualdad, como el eje problemático
prioritario que deberemos abordar para ser coherentes con
el compromiso democrático y consistentes con la construcción
de una nación soberana.
Esta realidad exige conversión personal y cambios
profundos de las estructuras, que responden a las legítimas
aspiraciones del pueblo hacia una verdadera justicia social.
Porque valoramos la democracia y sus reglas de juego, promovemos
desde una Cultura del Encuentro, la animación y promoción
del diálogo como modo de construcción, de identificación
de problemas, desarrollo de consensos y acuerdos para responder
a los problemas más acuciantes que atraviesa nuestra
sociedad.
Este diálogo implica salir del aislamiento, del guetto,
del fragmento social o institucional, del encierro y de la
autoreferencia para encontrarse con otros, buscar juntos,
debatir, pactar, acordar.
El diálogo y el acuerdo son consustanciales
con la democracia.
La celebración del Bicentenario es una oportunidad
única para avanzar en una reflexión y acción
que ponga en primer término el bien común y
el diálogo. No alcanza con la denuncia abstracta…hace
falta comprensión y acción.
El documento llama a la participación de todos, al
aporte de muchos y valora la pluralidad de miradas sobre la
cuestión social y política, que es justamente
lo que se buscaba en el encuentro del día de hoy.
Llama a abandonar posiciones intransigentes e intereses egoístas
y la confrontación como método de construcción.
Reclama gestos de desprendimiento y grandeza. Esto refiere
con claridad a quienes "más tienen, más
saben y más pueden".
Asumimos como desafíos para los próximos años
la erradicación de la pobreza y el desarrollo integral
de todos.
Estos desafíos no se enfrentan desde un "no lugar
sin sentido ni significaciones" o desde la carencia,
sino desde una serie de valores fundamentales que nos caracterizan
como pueblo: la fe, la amistad, el amor por la vida…el
espíritu de libertad, la solidaridad. La educación
de los hijos, el aprecio por la familia, el amor a la tierra,
el ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente
las situaciones duras de la vida cotidiana.
Esa base histórico-cultural, es la que tenemos que
potenciar, movilizar, poner en acto, convertirla en proyecto
colectivo a partir de los acuerdos que pongan en un lugar
de privilegio a los pobres y excluidos. No como "beneficiarios",
"objetos" de las políticas públicas
sino como protagonistas, sujetos, constructores, artífices
de su propio destino. Partir de su realidad, reconocer sus
prácticas, respetar su idiosincrasia, potenciar sus
valores, considerarlos sagrados, insacrificables, necesarios
e imprescindibles para construirnos como comunidad nacional
democrática. Asumirlos y ayudar a la transformación
de los elementos que los debilitan como actores de nuestra
sociedad, en su plena dignidad, generando otras condiciones
para su propio y autónomo desarrollo.
Eso implica: identificar los problemas, fijar acuerdos, establecer
políticas públicas de estado.
El Documento "Hacia el Bicentenario en justicia y solidaridad"
nos plantea que la sana economía y la justa distribución
de los bienes no puede quedar en una consigna o en un plano
teórico o meramente emotivo sino que "entre todos
debemos seguir trabajando para hacerla realidad".
En esa orientación es que proponemos la iniciativa
de 200 OBRAS DE AMOR SOCIAL PARA UN BICENTENARIO EN JUSTICIA
Y SOLIDARIDAD PARA NUESTRA CIUDAD. 200 obras que "tuerzan
destinos", que cambien realidades, que favorezcan la
vida.
200 obras que sean gestos simbólicos y a la vez concretos
de solidaridad, apoyo, promoción humana y social y
que contribuyan a unir, vincular, relacionar, tender puentes
entre las diversas realidades de nuestra ciudad.
Es una convocatoria para los múltiples actores sociales
para pensar, planificar y llevar adelante en los próximos
años (2010-2016). El Estado, sindicatos, empresas,
ongs, particulares, parroquias, congregaciones religiosas
están llamados a formar parte de la iniciativa acercando
propuestas concretas.
Ejemplo de iniciativas posibles pueden ser: la creación
de escuelas y centros de formación profesional. Promoción
de nuevos centros juveniles, bibliotecas, espacios culturales.
Clubes barriales. Constitución de cooperativas de trabajo.
Salas de atención primaria. Emprendimientos y microempresas.
Centros de oración, santuarios.
Necesitamos una comunidad que se organiza para combatir la
desigualdad y erradicar la pobreza en nuestro país
con creatividad y participación.
En nuestro espacio concreto, la Ciudad, esto implica fijar
un norte y un sentido. Nuestro norte estará en el Sur.
Es allí donde queremos concentrar gestos, obras concretas,
instituciones perdurables, permanentes, que construyan el
tejido y el vínculo social.
Ponemos esta iniciativa bajo la protección de San
Martín de Tours, Patrono de Buenos Aires.
San Martín de Tours es para nosotros un modelo a imitar,
reflejo del desprendimiento, el amor misionero y las obras.
El gesto concreto que lo simboliza es la entrega de la mitad
de su manto al pobre que sufría el frió y tiritaba.
Este lo interpela y lo refiere a Jesús quien en sueños
se le aparece diciéndole que ese día lo había
cubierto a Él mismo.
El poeta (Francisco Luís) Bernárdez decía
en sus versos que la otra mitad la había guardado para
cobijar a la gente de Buenos Aires.
Fuente:
www.anunciarinforma.com.ar
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