Para
el Obispo de Avellaneda hay una crisis de autoridad sociedad
Monseñor Frassia dice que
la crisis está también en la Iglesia.
Buenos Aires, 22-09-09.- (AI). En su predica radial del último
Domingo, Monseñor Rubén Frassia, Obispo de Avellaneda-Lanús,
planteo la problemática de la autoridad existente en
nuestra sociedad, acechando también a la Iglesia y
manifestó que parece como que “el que manda no
está sirviendo”.
Esta meditación tuvo lugar a partir del texto del
Evangelio del último Domingo donde Jesús les
propone a los Apóstoles una visión nueva y revolucionaria
de cómo debe ejercerse la autoridad: “el que
quiera ser el primero que se haga servidor de todos”.
Para Monseñor Frassia esta crisis está “en
que no se ponen límites, no se tienen referentes, no
se respetan las vinculaciones; no se ponen las cosas en claro
y en serio”, expresó en su alocución radial,
en su ciclo semanal de “Compartiendo el Evangelio”.
Esta crisis de autoridad según el Obispo de esta diócesis
del sur del Gran Buenos Aires incluye también a la
familia, en particular a los padres “cuando los padres
no ponen límites a los hijos”, dijo para luego
sentenciar que “hoy nadie quiere tener límites:
solamente existe el SI, no existe el NO”.
Texto completo de la alocución radial
La autoridad es un servicio
Estamos ante el secreto de Dios, la conciencia mesiánica
de Jesucristo, que sabe que será entregado en manos
de los hombres, que lo van a matar y que va a resucitar; es
lo importante, es el misterio de Dios.
Pero ante el misterio uno reacciona superficial y desubicadamente.
Aquí los Apóstoles querían saber quién
de ellos era el más importante, quién era el
más grande. Pero Jesús les responde de inmediato:
llamó a los doce y les dijo: “el que quiera ser
el primero, que sea el último y el servidor de todos”
Esto es lo que tenemos que aprender: ser los últimos
y servir.
Pero es muy difícil de aplicar y también es
difícil caricaturizar y adulterar las cosas. A veces
pareciera que uno, porque “sale bien en las fotos”,
es humilde; porque “pone cara de pobrecito”, es
humilde; o porque habla con algunas personas o consulta, es
humilde. Pero el tema es una cuestión de verdad en
serio. De saberse, de sentirse y de reconocerse en serio.
Frente a las cuestiones negativas uno puede decir “cuánta
demagogia que hay”. Pero si pregunté o consulté
a aquellos que me van a decir lo que yo pienso, estoy ante
una actitud demagógica. Hacer creer a los demás
que los consulté porque los tengo en cuenta, ya es
una decisión tomada, no hay diálogo, ni respeto,
ni nada. A veces son posturas externas. El Señor nos
quiere llevar a algo profundo, a algo interno, a algo que
sea sincero y verdadero.
Otro tema: pareciera que el que manda no está sirviendo.
En esta sociedad actual y también en la Iglesia, hay
una crisis de autoridad. Esa crisis está en que no
se ponen límites, no se tienen referentes, no se respetan
las vinculaciones; no se ponen las cosas en claro y en serio.
Es un problema de crisis también cuando los padres
no ponen límites a los hijos. Hoy nadie quiere tener
límites: solamente existe el SI, no existe el NO. Y
cuando uno dice NO la gente contesta de inmediato: ¡uy,
nos bajó línea! ¡uy nos dice tal cosa,
qué barbaridad! Pero no se busca la objetividad ni
la verdad.
Pero es importante saber que hay una sujeción a la
verdad: “el que recibe a uno de estos pequeños
en mi nombre, me recibe a mí”, dice el Señor
en este Evangelio refiriéndose a los excluidos, los
marginados, a todos. “Y el que me recibe a mí
–sigue diciendo- no es a mí a quien recibe sino
a Aquél que me ha enviado” y ahí está
todo el tema de la autoridad de Dios.
Por eso uno tiene que obedecer al Obispo, a los padres, en
las cosas legítimas a los sacerdotes, al párroco;
porque tenemos que saber que, en estas cosas, hay una referencia
y una trascendencia.
Pidamos al Señor que no nos conformemos con cosas
superficiales o caricaturas y que sepamos muy bien que la
autoridad es un servicio pero que es necesario ejercerlo.
La autoridad y el poder deben ser un servicio y no son dos
malas palabras, son importantes; autoridad y poder pero un
poder que está al servicio de Dios, de los hermanos
y de la verdad.
Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Fuente:
www.anunciarinforma.com.ar
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