Monseñor
Aguer calificó de "mercaderes sin alma" a
empresarios de la noche
La Plata (Buenos Aires), 14 septiembre 2009 (AICA).- El arzobispo
de La Plata, monseñor Héctor Aguer, cuestionó
la actitud de padres y empresarios de la noche, a quienes
calificó de "mercaderes sin alma", al referirse
a la problemática del exceso de alcohol que deriva
en hechos de violencia protagonizados por jóvenes de
distritos bonaerenses.
"Son los padres los que han descuidado una responsabilidad
fundamental, luego están esos mercaderes sin alma,
que son los dueños de los boliches, todo el mundo sabe
que eso es un negocio donde se pone en riesgo la salud física,
psicológica y espiritual de los jóvenes",
advirtió en declaraciones radiales.
El prelado platense aseguró que "este es un fenómeno
que se está saliendo de cauce y hay que volverlo a
su sitio".
Asimismo, consideró que "el problema fundamental
pasa por cómo se piensa la vida de un joven",
aunque admitió que "no hay que generalizar, porque
no creo que todos los jóvenes estén atrapados
por la cultura del boliche".
Tras afirmar que "eso de pasarse la noche en vela, dos
o tres días por semana, es una cosa insana", opinó:
"No creo que luego se pueda trabajar o estudiar en forma".
Monseñor Aguer calificó de "compleja"
la problemática derivada de la nocturnidad, aunque
insistió en que "habría que poner las cosas
en su sitio". Sin embargo, reconoció que "no
sé si es tan sencillo que estos negociantes reconozcan
que no deben vender alcohol u otras 'cositas' que todos sabemos
que circulan en algunos boliches".
"La noche no es para divertirse todo el tiempo, es una
cuestión educativa que depende, ante todo, de la familia.
Yo sospecho que muchos padres de familia son tan adolescentes
como sus hijos", aseveró.
Las críticas del arzobispo platense se conocen en
momentos en que el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, dice
intensificar los controles al consumo de alcohol en la vía
pública y busca acordar con los empresarios de la noche
medidas para restringir el expendio de estas bebidas.
Texto completo
La cultura del boliche, ruina de la juventud
Alocución televisiva de monseñor Héctor
Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves
para un mundo mejor”
(Sábado 12 de septiembre de 2009)
“Periódicamente somos conmovidos por noticias
atroces acerca de lo que ocurre a la salida de los boliches,
y aún adentro, casi todas las semanas”.
“Sin dudas que los casos de peleas que acaban, a veces,
en muertes se enmarcan en una situación mayor y más
grave: la de la violencia juvenil en general, pero hoy quiero
referirme a lo que ocurre en las “disco”.
“Se está intentando, en las últimas semanas,
de poner un cierto límite al horario. Se discute acerca
de cómo es posible que se pueda conseguir alcohol tan
fácilmente, no sólo dentro de un boliche sino
en la famosa “previa”. Se advierte también
que muchas veces esta “previa” se realiza en las
casas de familia. Es decir que, en las propias casas, los
chicos se emborrachan antes de pasar una noche muy alegre
en el lugar donde bailan”.
“Todo esto implica un fenómeno cultural muy
serio que debe preocupar a los educadores y a las familias.
Y aquí hay muchas responsabilidades en juego”.
“Cuando se trata, por ejemplo, de limitar el horario
de las discotecas se habla de las cinco y media de la mañana
como si eso fuera tan tarde o tan temprano (porque ya no sabemos
a esa hora qué hay que decir). No se piensa qué
significa que un chico o una chica pasen toda la noche en
vela y aún, prolonguen el horario del boliche hasta
el mediodía el día siguiente. Si el día
siguiente es el domingo, no existe prácticamente porque
lo pasan durmiendo”.
“Los padres de familia tendrían que ser los
primeros interesados en ver qué pasa en el fin de semana
de sus hijos. La mesa familiar del domingo ha desaparecido,
por no hablar de la misa. Aún cuando el chico se levanta
a las seis de la tarde después de haber dormido la
mona, y va a misa a las siete o a las ocho, ¿qué
domingo ha vivido? ¿Es eso el día del Señor?”
“Las autoridades intentan de algún modo negociar
con los dueños de las discotecas. Intento vano de convencer
a mercaderes sin alma, a los cuales les interesa muy poco
que esto se resuelva. Ellos sólo miran su negocio,
en el que son capaces de vender cualquier cosa. Venden alcohol,
sin duda alguna y a qué precio, y también alguna
cosita más, como todos sabemos”.
“Se ha producido una especie de desubicación
de la autoridad educativa, sobre todo la de los padres de
familia, que toman el problema con la ligereza de un adolescente,
hasta que a su hijo lo muelen a palos, o lo matan”.
“Para no hablar solamente de otros “gremios”,
quisiera referirme al propio. Me parece que nosotros también,
los pastores de la Iglesia, tenemos algo que decir. Y debemos
reconocer que en este tema nos hemos conducido con una lenidad
que no puede prolongarse más”.
“No es posible emplear con los muchachos y las chicas
una tolerancia indebida. Hay que hablarles con claridad. Hay
que explicarles cuál es el auténtico sentido,
plenamente humano, de la fiesta. De qué manera sana
podrían divertirse. Es preciso ofrecerles alternativas”.
“Hay que alertarles también acerca de lo que
significa la desinhibición que produce el alcohol,
el ruido infernal que taladra los tímpanos, el juego
de luces y la aglomeración promiscua que no permiten
una vinculación auténticamente personal, un
encuentro verdaderamente humano”.
“Hay que decirles a los chicos y a las chicas que no
vale cualquier cosa y situaciones que al reiterarse como un
rito semana tras semana van deformando su alma, la vacían
del sentido trascendente que los dignifican y los esclavizan
en la superficialidad”.
“En la cultura de boliche se juega algo muy profundo
que tiene que ver con la vida espiritual de nuestros chicos
y chicas, con la posibilidad de mantenerse en la gracia de
Dios, con la pureza de la intención que se dirige hacia
un futuro mejor, hacia un crecimiento auténticamente
humano, hacia un crecimiento en el conocimiento y el amor
de Dios”.
“Es verdad que muchos jóvenes, afortunadamente,
no han sido atrapados por la siniestra cultura del boliche.
Por lo tanto, no debemos generalizar. Sin embargo, son muchos
de los hijos de nuestras familias, son los chicos de nuestras
parroquias, son los alumnos de nuestros colegios católicos,
muchos de ellos, los que pasan el fin de semana en esos antros
de perdición. Uso deliberadamente este término
melodramático para llamar la atención sobre
este caso de decadencia cultural en el cual se hunden las
virtudes, el sentido del bien y la belleza y a veces la misma
vida, tan preciosa, de muchos jóvenes”.
Mons. Héctor Aguer
Arzobispo de La Plata
Fuente:
www.aica.org
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