|
Fiesta de la Natividad de la Virgen María
Buenos Aires, 07-09-09 (AI).- Con motivo de la fiesta litúrgica
que recuerda el nacimiento de la Virgen María, Enrique
Moltoni, Director de Culto de la Provincia de Buenos Aires,
resume los datos básicos de esta celebración.
Este periodista de profesión, laico comprometido con
su fe y de pública devoción mariana, presentó
para el sitio web de el organismo que dirige, un interesante
texto sobre la el nacimiento de la Madre del Redentor.
La celebración de la fiesta de la Natividad de la
Santísima Virgen María, es conocida en Oriente
desde el siglo VI. Fue fijada el 8 de septiembre, día
con el que se abre el año litúrgico bizantino,
el cual se cierra con la Dormición, en agosto. En Occidente
fue introducida hacia el siglo VII y era celebrada con una
procesión-letanía, que terminaba en la Basílica
de Santa María la Mayor.
El Evangelio no nos da datos del nacimiento de María,
pero hay varias tradiciones. Algunas, considerando a María
descendiente de David, señalan su nacimiento en Belén.
Otra corriente griega y armenia, señala Nazareth como
cuna de María.
Sin embargo, ya en el siglo V existía en Jerusalén
el santuario mariano situado junto a los restos de la piscina
Probática, o sea, de las ovejas. Debajo de la hermosa
iglesia románica, levantada por los cruzados, que aún
existe -la Basílica de Santa Ana- se hallan los restos
de una basílica bizantina y unas criptas excavadas
en la roca que parecen haber formado parte de una vivienda
que se ha considerado como la casa natal de la Virgen.
Esta tradición, fundada en apócrifos muy antiguos
como el llamado Protoevangelio de Santiago (siglo II), se
vincula con la convicción expresada por muchos autores
acerca de que Joaquín, el padre de María, fuera
propietario de rebaños de ovejas. Estos animales eran
lavados en dicha piscina antes de ser ofrecidos en el templo.
La fiesta tiene la alegría de un anuncio premesiánico.
Es famosa la homilía que pronunció San Juan
Damasceno (675-749) un 8 de septiembre en la Basílica
de Santa Ana, de la cual extraemos algunos párrafos:
"¡Ea, pueblos todos, hombres de cualquier raza
y lugar, de cualquier época y condición, celebremos
con alegría la fiesta natalicia del gozo de todo el
Universo. Tenemos razones muy válidas para honrar el
nacimiento de la Madre de Dios, por medio de la cual todo
el género humano ha sido restaurado y la tristeza de
la primera madre, Eva, se ha transformado en gozo. Ésta
escuchó la sentencia divina: parirás con dolor.
A María, por el contrario, se le dijo: Alégrate,
llena de gracia!
¡Oh feliz pareja, Joaquín y Ana, a ustedes está
obligada toda la creación! Por medio de ustedes, en
efecto, la creación ofreció al Creador el mejor
de todos los dones, o sea, aquella augusta Madre, la única
que fue digna del Creador. ¡Oh felices entrañas
de Joaquín, de las que provino una descendencia absolutamente
sin mancha! ¡Oh seno glorioso de Ana, en el que poco
a poco fue creciendo y desarrollándose una niña
completamente pura, y, después que estuvo formada,
fue dada a luz! Hoy emprende su ruta la que es puerta divina
de la virginidad. De Ella y por medio de Ella, Dios, que está
por encima de todo cuanto existe, se hace presente en el mundo
corporalmente. Sirviéndose de Ella, Dios descendió
sin experimentar ninguna mutación, o mejor dicho, por
su benévola condescendencia apareció en la Tierra
y convivió con los hombres".
Si pensamos por cuántas cosas podemos hoy alegrarnos,
cuántas cosas podemos festejar y por cuántas
cosas podemos alabar a Dios; todos los signos, por muchos
y hermosos que sean, nos parecerán tan sólo
un pálido reflejo de las maravillas que el Espíritu
de Dios hizo en la Virgen María, y las que hace en
nosotros, las que puede seguir haciendo si lo dejamos.
El nombre de María
Su belleza, amada de Dios, estrella del mar, señora
y también el de iluminada. Todo depende de las múltiples
interpretaciones que se hagan de las palabras que forman el
nombre, tanto en griego como en hebreo.
Incluso hay quien cree que puede significar "mar amargo",
por la situación de amargura en que vivía el
pueblo de Israel. Recuerda que muchos israelitas ponían
a sus hijos los nombres que más expresaran las situaciones
sociales y económicas en que vivían.
También es importante destacar que en 1683, el Papa
Inocencio XI declaró oficial una fiesta que se realizaba
en el centro de España durante muchos años y
que es la del "Dulce nombre de María".
Se cuenta que la primera diócesis que celebró
oficialmente la fiesta fue la de Cuenca. Pero, la onomástica
del "Dulce nombre de María" tiene fecha propia,
y es la del 12 de septiembre. Es bueno que sepas que hay muchas
"Marías" que celebran su fiesta durante este
día y no el 15 de agosto.
Los santuarios y la Natividad de María
Muchos santuarios marianos de todo el mundo celebran su fiesta
el 8 de septiembre. La mayoría son aquellos que basan
su historia en la tradición de que la imagen que se
venera ha sido hallada por casualidad por un animal -normalmente
suele ser un toro- o por una pastorcilla. Es el caso de santuarios
catalanes como el de Montserrat, Núria, el Tura, o
el de Maritxell de Andorra. Hay otros templos que, a pesar
de que no tienen esta tradición, aprovechan la festividad
de la Natividad de María para hacer una conmemoración
festiva.
Fuentes de la Mariología
Obtenemos noticias sobre la Virgen Madre de Dios y de la
Iglesia:
De las fuentes de la Revelación: Palabra de Dios escrita
(Sagrada Escritura) y Palabra de Dios transmitida de viva
voz a través de todas las generaciones (Tradición).
En la Biblia, en el Antiguo Testamento, nos habla de la Virgen
de manera misteriosa. En el Génesis aparece íntimamente
llegada a la promesa del Redentor inmediatamente después
del pecado de nuestros progenitores, así como Eva estaba
íntimamente ligada con Adán en la comisión
de ese pecado. Las palabras de Yahvé: " Yo pongo
enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo;
él te aplastará la cabeza mientras tú
te abalances a su calcañal " (Gén 3, l5),
nos hacen ver a Cristo con María triunfando sobre el
demonio tentador.
En las personas bíblicas de Rut, Judit, Ester, así
como en la Esposa de los Cantares y, sobre todo en la Hija
de Sión, se ha visto vislumbrada la figura de María,
así como en múltiples textos de los libros sapienciales,
que la Iglesia recibe en su liturgia mariana. Así también
aparece, según el mismo entender de los santos padres,
la figura del misterio de la Virgen Fecunda en la nube que
el profeta Elías divisara desde el Monte Carmelo, y
que se convirtió en abundante lluvia (l Re l8, 44),
con grandes beneficios para la tierra de Israel esterilizada
tras larga sequía.
En el Nuevo Testamento aparece María aureolada de
una sobriedad maravillosa que hace más admirables y
llenos de frescor natural los relatos. En los Sinópticos
(Evangelios de San Mateo, San Marcos y San Lucas), especialmente
en San Lucas, se nos manifiesta la presencia histórica
de María en los hechos de la Infancia del Señor.
El Evangelio de San Juan nos complementa, por decirlo así,
la Mariología del Nuevo Testamento con el relato detallado
del papel espiritual de María en las Bodas de Caná
y al pie de la Cruz del Señor, en el Calvario. (Jn
2,l2, l9,25-27)
Los Hechos de los Apóstoles nos completan la figura
neotestamentaria de María, describiéndonos su
presencia en la naciente Iglesia del Cenáculo y Pentecostés
y, por fin, en el Apocalipsis se vislumbra, según la
constante interpretación de la Iglesia en sus Santos
Padres y en la Liturgia, el misterio de la gloria de María.
La Tradición segunda gran fuente de la Palabra de
Dios revelada, nos presenta a María, bien sea a través
de las decisiones de los concilios y de los Sumos Pontífices
acerca de sus diversos misterios, o bien en los comentarios
de los Santos Padres y escritores eclesiásticos, así
como también en las manifestaciones de la arqueología,
del arte cristiano de todos los tiempos, y de la liturgia.
Fuente:
www.anunciarinforma.com.ar
|