Sin frecuencias no hay radiodifusión:
esto es así, y no es discutible
Por *Edgardo Molo
La radiodifusión es -antes que nada- un hecho técnico,
que sólo se hace posible utilizando un recurso natural
muy escaso: el espectro radioeléctrico de frecuencias.
Dentro de ese espectro radioeléctrico de frecuencias
existe un segmento único, reservado “para radiodifusión”,
que puede ser recibido en forma abierta por parte de la gente.
Es decir, que existe un segmento en ese mismo espectro que
ha sido reservado para el disfrute del público en general,
en forma gratuita.
Hay muchos segmentos dentro de ese mismo espectro radioeléctrico,
destinados para otros sistemas de comunicación (ambulancias,
patrulleros, empresariales, marítimas, aviación,
etc.); pero, el segmento correspondiente a radiodifusión
(radio y televisión) no solamente es muy escaso, sino,
que dichos servicios no pueden emplear ninguna otra banda
que no sean las que ya tienen atribuidas, habida cuenta, que
son esas bandas las únicas que pueden ser recibidas
-en forma directa del aire- por los aparatos hogareños
de radio y televisión, fabricados a tal efecto.
Si regresamos al título: “sin frecuencias no
hay radiodifusión” advertiremos que éste
comienza a tener coherencia con lo que se expone más
adelante.
Entonces avancemos con el análisis; pero, para continuar
será necesario decir la verdad técnica de la
que nadie habla. Porque ya lo dijimos antes, la radiodifusión
es un hecho eminentemente técnico, y no, otra cosa.
Recién después de que hayan sido superados los
aspectos técnicos, se podrá hablar de los contenidos
o de los temas políticos y sociales que deben ser considerados.
Podemos estar de acuerdo que la política es “el
arte de lo imposible”; en muchos casos los políticos
pueden decir que 2 + 2 pueden llegar a ser 7, pero, en las
matemáticas y en la física, nadie puede dudar
que 2 + 2 siempre serán 4. En un ascensor con capacidad
para cuatro personas, no pueden subir siete; o se cae, o no
arranca.
Eso es lo que quiero explicar. Y lo quiero hacer, porque
a nadie se le podría ocurrir que el mismo inspector
de los ascensores, o el propio ascensorista, conociendo la
capacidad que tiene, pudiera permitir que en vez de cuatro
personas suban siete; o lo que es peor, que en lugar de personas
suban elefantes; y menos aún, si el ascensorista se
quedara adentro, verdad?.
La comparación sirve para entender lo que se hizo
con el espectro radioeléctrico, en nuestro país,
ya lo verán.
El espectro radioeléctrico -como se sabe- es un recurso
natural muy escaso y no renovable; ello quiere decir, que
no hay para todos; que su administración debe ser responsable,
racional, equitativa y transparente. Se trata de un recurso
que -además- ha sido reservado para satisfacer al interés
público, en cuanto a los derechos que tienen los ciudadanos
a dar o recibir informaciones de toda índole, formación
y entretenimiento, de la manera plural que exige la democracia,
y en todos los rincones del país.
El pluralismo democrático tan declamado, en radiodifusión,
sólo se obtiene mediante una amplia adjudicación
de licencias, para que muchos nuevos radiodifusores ejerzan
su derecho a la libre expresión de ideas y opiniones,
y para que el público tenga la posibilidad de elegir
a quiénes quiere ver o escuchar.
Las licencias de radiodifusión están absolutamente
ligadas a la disponibilidad de frecuencias libres (lo que
se llama: factibilidad técnica de asignación).
Y es en este punto donde los sueños no pueden convertirse
en realidad, porque llegados a este punto nos enteramos que,
en las áreas de mayor conflicto, ya no existen frecuencias
para repartir.
Me refiero a las frecuencias de recepción abierta
y gratuita, o sea, a las de radiodifusión. De éstas
no queda ni una sola, para nadie. Ustedes se preguntarán
por qué no las hay o cómo puede ser que no habiendo
disponibilidad, se lo esté prometiendo a la sociedad,
como algo posible.
La verdad, uno nunca sabe si es por ignorancia, o por otros
motivos que mejor no pensar, pero, lo que si es cierto y comprobable,
es que todas las frecuencias de UHF de televisión abierta
que hoy no están disponibles, están en manos
de empresas cerradas que nada tienen que ver con la radiodifusión
(TV Codificada y Transporte de Datos) y que están siendo
explotadas en forma privada, por unos pocos beneficiados arbitraria
y discrecionalmente por las mismas autoridades.
Por el motivo expuesto, ahora, no tenemos la posibilidad
de dar aquella necesaria apertura al pluralismo democrático
que hoy reclama nuestra señora Presidente, casi con
desesperación.
Los controladores de las frecuencias permitieron que accedan
a las mismas, sistemas aje-nos a ellas, en una cantidad muy
superior a lo que resiste el espectro radioeléctrico;
las administraron en cantidades inusitadas para cada solicitante
(como si el recurso fuera inagotable), en forma directa (sin
los obligados concursos y mediante simples resoluciones),
violando la competencia exclusiva del PEN sobre esa banda
y a todas las normas existentes en la materia.
No existe mayor concentración de medios que la que
todavía lleva a cabo la propia Autoridad de Aplicación
(COMFER). Ya llegan a 2.013, las adjudicaciones irregulares
de frecuencias abiertas para sistemas cerrados; las últimas
10 fueron adjudicadas por el actual Interventor, Lic. Juan
Gabriel Mariotto, a sólo dos empresas de TV Codificada
y Satelital.
Entonces, ¿De qué pluralismo están hablando?,
¿A qué redistribución de la riqueza se
refieren?
Ya lo sabemos, sin frecuencias no hay radiodifusión,
ni pluralismo democrático, ni re-distribución
de riquezas culturales, ni nada de nada.
Primero hay que reordenar el espectro radioeléctrico
irregularmente administrado y luego con nuestros especialistas
-estudiemos en serio- la mejor ley de radiodifusión.
* Asesor Técnico Legal
Especialista en Radiodifusión
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