El combate de los pesos
Por *Edgardo Molo

 

En el caso en tratamiento, la palabra “pesos” insertada en el título, no se estaría refiriendo a la de-nominación de nuestra moneda, sino, al peso específico -en cuanto a poder- que actualmente se disputa entre el Gobierno Nacional y el Grupo Clarín.

 

Estos rivales -hoy, encarnizados- hasta hace muy poco intercambiaban bombones de licor o de dulce de leche. Documentos públicos existentes y los hechos, así lo certifican.

 

Hemos podido observar, que durante la presidencia del Dr. Kirchner, la empresa Multicanal (pro-piedad del Grupo Clarín) pudo absorber a Cablevisión, significando la unificación de sus redes de televisión por cable en casi la totalidad del país y permitiendo su predominio en la actividad.

 

También debemos recordar que en el año 2005, y con la excusa de compensar los perjuicios causados por la crisis política, económica y social de los años 2001/2003, estableció una prórroga automática de licencias (Decreto Nº 527/05), por 10 años más.

 

Queda claro, que dicha medida no podía ser selectiva, no podía beneficiar a una sola empresa, y por lo tanto, tuvo que dar alcance a la totalidad de los licenciatarios del servicio.

 

Luego, mediante Resolución 227 CFR/08, obliga a todos los operadores de cable del país, a incluir en sus grillas la señal TODO NOTICIAS (TN), propiedad del mismo Grupo que ahora comba-te (cuando en realidad, el Estado no debía intervenir para beneficiar los negocios de algunas per-sonerías, entre las cuales también se encontraban el Canal 26, C5N, América 24, Crónica TV y Encuentro). La ley sólo obliga la inclusión de aquellas emisoras de televisión abierta que se encuentran ubicadas en su misma localización o cuyas señales puedan ser tomadas “directamente del aire” por sus comunes antenas de recepción.

 

Pero, en algún momento algo sucedió (tal vez haya sido el conflicto con el campo), y -de pronto- por un lado, los bombones se convirtieron en bombas informativas y por el otro, en descalificaciones de todo tipo.

 

La guerra por la preponderancia de la información ya había sido declarada, primero, con cierto disimulo (puesto que las declaraciones de DDHH son constitucionales); pero más tarde la guerra se hizo explícita, y el gobierno perdió el criterio, el equilibrio y la razonabilidad; ya no importó que la libertad de prensa y de expresión hayan sido garantizadas por nuestra Constitución, o que la Declaración de Principios sobre la Libertad de Expresión emitida por la OEA, haya sido considerada como base fundamental de la democracia.

 

Mas allá de cualquier controversia que pudiera existir respecto a la preeminencia de alguna empresa titular de medios de difusión, los ataques y descalificaciones a la prensa, por parte de quienes componen el cuadro oficialista, revelan -al menos- un desacuerdo con algunos de los derechos enumerados por la Convención Americana de Derechos Humanos, lo que pone en evidencia un escaso apego a uno de los pilares de la democracia y, por ende, a la Constitución Nacional.

 

Pero además, nadie advierte que la gente está en el medio; que escucha, observa y se confunde, a punto tal, que podría llegar a poner en tela de juicio los principios garantiza-dos por nuestra Carta Magna.

 

El gobierno, después de muchos años de tener suspendido el acceso a las licencias de televisión por cable y codificados por vínculo radioeléctrico (Resoluciones 726 CFR/00 y 1242 CFR/06), impidiendo la posible aparición de competidores del Grupo concentrador, mediante Resolución 275 CFR/09 decide levantar la restricción a dichas licencias, dado que con ello incentivaría la prestación del servicio en todas aquellas zonas en donde se dieran situaciones monopólicas o dependieran de una única empresa, en su mayoría, Cablevisión o Multicanal.

 

En realidad, esta reapertura a las licencias no ha sido atractiva, pues, capturar abonados de hogares servidos por una empresa previamente instalada, resultaría un seguro fracaso; y más aún, si el nuevo prestador no pudiera ofrecer el fútbol, en alguna de sus formas.

 

La siguiente movida -entonces- resultaba ser muy obvia: había que apuntar al fútbol.

Este deporte -extraordinariamente movilizador- debía ser aprovechado para crear la conmoción necesaria que pudiera provocar el clamor popular que diera justificación a toda medida que prometiera “fútbol gratis para todos”.

La medida sería tomada por el ejecutivo con el lanzamiento del Anteproyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, en el cual, ya se incluye dicha promesa.

 

Enseguida, con el dictado del Decreto 943/09, autorizando la creación y puesta en funcionamiento de un Sistema Satelital Estatal Directo al Hogar, avanza en idéntico sentido.

 

El tema -recordemos- consiste en debilitar el poder informativo del Grupo concentrador.

 

Y la frutilla del postre, fue sin lugar a dudas, el conflicto generado -en principio- por el reclamo de Futbolistas Argentinos Agremiados, y luego, por el pedido de apoyo al gobierno, por parte de la Asociación del Fútbol Argentino.

 

Los acontecimientos precipitados -en apenas siete días- parecen escritos por un guionista cinematográfico; es más, creo que la situación real resultó ser -por lo menos- ocho veces lo que imaginó el autor.

Es decir, tres medidas oficiales y un desencuentro entre privados, le dieron al gobierno todo lo que necesitaba para someter al Grupo causante de sus desvelos:

 

- ANTEPROYECTO DE LEY DE SERVICIOS DE COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL
- RESOLUCIÓN 275 COMFER/09
- DECRETO 943/09
- CONFLICTO AFA vs TSC

 

Cualquiera diría que estaba todo fríamente calculado, pero, como nosotros no somos cualquiera, no lo creemos así, sino, que muchos factores contribuyeron a que el final de esa unión, terminara como terminó.

 

El abuso del predominio por parte de TSC -notorio hasta la vergüenza- con aquella imposibilidad de mostrar los goles de los partidos antes que ellos lo hicieran, o mostrar tribunas para forzar suscripciones al codificado, entre otras cosas, generó antipatías suficientes como para ubicar dicha unión al borde del precipicio. Y no es discutible, era un verdadero abuso; utilizaba recursos bajos, elementales y casi infantiles. Mostraba una altanería tan intolerable que bordeaba la impudicia.

 

Si bien, ésa era la situación, aun así, existen mecanismos para hacer que tal conducta pudiera ser revisada. Desde cualquier punto de vista, la reacción se ha visto, sospechosamente, sobredimensionada.

 

Pero, la situación ofrecía una oportunidad única, que -desde la mirada oficial- no podía ser desaprovechada.

El problema existe y las soluciones están en estudio; sea como sea, al “cuco” tan temido se le asestó un golpe que no esperaba. Ahora, solo resta ver cómo se resuelve el tema de un fútbol gratis para todos; porque -“el todo”- es algo muy grande y casi imposible de abarcar; de hecho, desde que existen los medios de difusión masiva no se ha podido cumplir -ni siquiera- con el desarrollo y la distribución -al público en general- del servicio de interés público que representan los de radiodifusión.

 

¿Cómo es posible que -ahora- por el fútbol, puedan ser removidos los obstáculos que hasta el día de hoy habían impedido la difusión de la cultura, la educación, la información y el entretenimiento, por parte de los particulares?

Cuando se habla de los derechos a la libre expresión, se entiende que esos derechos pertenecen
-principalmente- a la gente, a los ciudadanos y no, a los gobiernos. Por tal motivo, cuando se piensa en abrir un sistema satelital multiseñal de índole estatal, primero debió pensarse en abrir las mismas posibilidades a los privados. El pluralismo jamás podría ser garantizado por el funciona-miento de medios públicos con llegada a lugares en donde no existan otros y menos aún maneja-dos los gobiernos. O sea, que el llamado para que otros medios puedan operar, inevitable-mente, deberá estar presente en la voluntad de los funcionarios que -en verdad- crean en los mecanismos democráticos que permiten el pleno ejercicio de las libertades consagradas.

 

Por esa razón, combatir al concentrador mediático (cuando éste ha llegado a esa situación en forma legal), no sería lo más adecuado. Si la realidad del momento nos muestra que hoy en día no existe la libertad de prensa, sino, la libertad de empresa, o si convenimos en que el concepto de pluralismo es infinito, lo que hay que hacer -no es justamente “debilitar” a quien ostenta predominio- lo que hay que hacer, es la apertura amplia de acceso, para que muchas empresas puedan aparecer y así equilibrar las corrientes de opinión, como corresponde en democracia.

La deformación profesional, como director cinematográfico, me lleva a tratar de ejemplificar lo dicho, asociándolo a lo que ocurre normalmente en los rodajes y que con inmensa maestría resuelven los profesionales.

 

Todos sabemos que en las filmaciones se emplean grandes cantidades de kilovatios en iluminación, pues, sin perjuicio de la sensibilidad de la película elegida, no se podría filmar sin luz.

 

Muchas veces, nos encontramos que en una escena que ha sido muy iluminada, en alguna otra toma, sería necesario “dibujar” sombras o penumbras que aporten un clima determinado, pero, en la cual no fuera conveniente apagar faroles para crear el clima pretendido, puesto que, estaríamos reduciendo la luz ya vista; por lo tanto,

¿Qué hace el director de fotografía para lograr aquel efecto?: aumenta la carga de luz en donde hace falta crear ese efecto, para que lo que antes estaba muy iluminado, ahora, con la nueva carga de luz, se vea como en sombras o en penumbras.

 

Es decir, que la sombra no se logra apagando las fuentes de luz existentes, sino, que por el contrario, se obtiene agregando mucha más luz.

 

No se combate -entonces- el monopolio informativo, cerrándolo, sino, alentando el desarrollo de nuevos comunicadores. Ésa es la manera más inteligente de combatir el poder monopólico; y la forma más democrática de hacer que las corrientes de opinión se equilibren, en los medios de difusión.


* Asesor Técnico Legal
Especialista en Radiodifusión