Una mirada crítica a los medios
Por *Edgardo Molo
Critica a la entrevista realizada, por el periodista Jorge
Lanata al interventor del COMFER Lic. Juan Gabriel Mariotto,
en el programa: “DESPUES DE TODO” – DDT,
que se emite en CANAL 26 NOTICIAS el viernes 05 de Junio del
2009.
En el inicio del programa, el conductor hizo un paneo sobre
un cuadro sinóptico en el cual se podía observar
-esquemáticamente- la interrelación que existe
entre los diversos medios de comunicación que funcionan
en el país.
Pero, no todos los que figuraban allí correspondían
a medios “de radiodifusión”, sino, a distintas
modalidades de la comunicación, y entre ellas, algunas
de radiodifusión; y sobre todo, de aquellas empresas
que ostentan un indisimulable poder de concentración.
Allí, se destacaban ostensiblemente los grupos mayoritarios
de esa concentración y los con-tactos subterráneos
que los liga con otras empresas de comunicación. Una
verdadera red, de alguna manera unificada.
Hasta ahí, salvo el común error de clasificar
a todo eso como “de radiodifusión”, la
cosa iba bastante bien encaminada.
Al presentar a su entrevistado, Jorge Lanata anticipa su
posición diciendo que en realidad no sabe si el Proyecto
de la nueva ley será bueno o no, pero, que a él
le bastaría con terminar con la ley de la dictadura.
Esa es, sin ningún lugar a dudas, la gran deuda de
los legisladores con la democracia, ya que durante 25 años,
no se supo, no se pudo, o no se quiso legislar, al respecto.
Y resulta muy claro, que la mayor parte de los ciudadanos
coincide respecto a ello: el Decreto Ley de Radiodifusión
22.285 de la dictadura, debe ser derogado por una nueva ley
de la democracia. Pero, nunca a nadie se le explicó,
por qué durante 25 años, no se hizo.
Sería bueno decir también, que muchos “demócratas”
supieron aprovechar la situación de vacío o
ambigüedad que presentaba la ley de la dictadura, aún
vigente, y que de haberla cambiado en su momento (cuando así
lo ordenaba el Decreto 1151/84), no se hubiera podido hacer
aquel aprovechamiento. Para cambiar la ley hacía falta
una fuerte decisión política.
La entrevista Lanata - Mariotto, dejó mucho que desear.
Cuando el entrevistador y el entrevistado desconocen la materia
en tratamiento, no se puede esperar algo esclarecedor, sino,
todo lo contario.
Cuando quien pregunta lo hace desde el desconocimiento absoluto,
está dando lugar a que el entrevistado pueda responder
lo que se le ocurra; y si éste -además- tampoco
sabe de lo que habla, peor aún.
No se puede creer; pero, tampoco se puede aceptar que el
Interventor del organismo que impulsa un instrumento tan importante
para la democracia, como una nueva ley de radiodifusión,
ni siquiera sepa cómo se compone el espectro radioeléctrico,
algo así como el ABC de la materia en tratamiento.
En determinado momento el entrevistado mencionó las
frecuencias de UHF; el periodista, como corresponde y con
el objeto de aclararle a sus televidentes, le preguntó
cuáles eran esas frecuencias, a lo que respondió
sin ningún reparo (total, Lanata y la gente no entienden
nada), que la Banda de UHF, son los canales del 16 al 55.
Gravísimo error saliendo de la boca del Interventor
del COMFER. Un verdadero papelón. Y Lanata, no supo
advertir tan grave error.
Más adelante, el Lic. Mariotto, aseguró que
se reservará ¨ como piso” un 33% de frecuencias
para emisoras estatales.
El Interventor, así como desconoce la conformación
del espectro radioeléctrico, también desconoce
su actual situación de saturación, lo que hace
imposible una futura o inmediata adjudicación de frecuencias.
Esa reserva del 33%, únicamente, podría ser
factible sobre un espectro virgen, y no, en las actuales condiciones.
Hoy, no existe ni una sola frecuencia disponible; es decir,
que el Sr. Interventor no se ha informado debidamente al respecto,
a pesar de haber recibido informes particulares en donde se
le advertía sobre dicha circunstancia. Seguramente,
no los leyó. Tampoco consultó a los profesionales
locales, pero sí, consultó a profesionales extranjeros,
a quienes nunca se les ocurriría imaginar lo que aquí,
en nuestro país, se hizo con las frecuencias, con las
leyes, con los reglamentos y convenios internacionales, con
la constitución, y por lo tanto, como “sin diagnósticos,
no pueden existir tratamientos”, éstos jamás
podrían aportar soluciones al problema, pues, sus recetas
estarían dirigidas a “un sano”, y no, a
“un enfermo”, casi terminal.
Nuestros técnicos, los que abundan en los organismos
pertinentes, tienen el diagnóstico preciso de lo que
padece nuestra radiodifusión; son los médicos
de cabecera los que mejor conocen a sus pacientes, sus historias,
sus vicios y debilidades. Nuestros funcionarios consultaron
a otros, lejanos, pero, ni siquiera les llevaron una simple
radiografía o un mínimo análisis de su
estado actual; o sea, que les deben haber dicho que nuestra
radiodifusión, prácticamente, nacerá
a partir de esta nueva ley.
Hay que observar que -a partir de la democracia- la Ley 22.285,
tiene más modificaciones que artículos, por
cuanto, podría decirse que de la ley de la dictadura
ya no queda casi nada; y -justamente- los artículos
que más han perdurado y que aún son aplicados
por el COMFER, son los más restrictivos y casualmente,
aquellos sobre los cuales existe infinidad de fallos judiciales
por inconstitucionalidad.
Como ejemplo podríamos mencionar que la ley de la
dictadura, sólo permitía una multiplicidad de
cuatro (4) medios (FM. AM, TV abierta y Cable) para cada licenciatario;
en la década del ‘90 dicha cantidad se amplió
a 24, y ahora, el anteproyecto de ley propone un máximo
de diez (10); más del doble de lo que permitía
la ley de la dictadura.
En algún momento del programa, se criticó que
la actual ley no permita que el Estado posea medios en aquellos
lugares en los cuales ya exista la actividad privada, y se
mencionó a Mar del Plata como uno de esos lugares.
En verdad, en Mar del Plata se recibe al Canal 7 estatal,
a través de su repetidora; lo que no puede hacer el
Estado es instalar una emisora “local”, de origen,
de producción propia y que pudiera sustentarse de la
publicidad, pues, ello sería absolutamente antiético
por parte del Estado que le otorga la licencia, ya que, estaría
haciendo una competencia desleal y obligando a los licenciatarios,
que como contribuyentes, paguen los impuestos de los que se
sustentarían sus competencias.
El entrevistado traía una carga muy evidente de subjetividad,
dado que, en un momento re-saltó que había recibido
-de uno de los grupos concentradores- una sugerencia de modificación
al anteproyecto, donde se solicitaba quitar de la ley toda
mención a las declaraciones de derechos humanos y al
Pacto de San José de Costa Rica.
En realidad, no es necesario que la ley refrende a los pactos
derivados de las declaraciones de los DD.HH., pues, además
de tener una norma específica (Ley 23.054), ya forman
parte -como propia letra- de nuestra Constitución Nacional.
Lo que realmente surge como grave, es la presencia del Interventor
del COMFER en el Canal 26, cuya titularidad cayó (junto
con 10 canales más) en manos de quien entonces fuera
el Presidente de la Honorable Cámara de Diputados de
la Nación, cuando el Art. 45, Inc. f), de la Ley 22.285
inhibe -taxativamente- que los legisladores puedan ser sujetos
de radiodifusión; resulta comprometedora la presencia
del Lic. Mariotto en un canal que desde su aparición
se encuentra en GRAVE FALTA, habida cuenta, que su licencia
corresponde a un sistema complementario de televisión
codificada -exclusiva para abonados- y sin embargo emite su
señal en forma abierta, sin que jamás, la autoridad
de aplicación que ahora él conduce, lo haya
sancionado como corresponde, por ley.
También el Interventor, habló -casi en forma
de promesa- de que en un futuro cercano podrán ser
instalados sistemas de televisión por cable, de recepción
gratuita. Evidentemente, se recurre a cualquier utopía
cuando se pretende conseguir el apoyo popular.
De lo visto y escuchado en esa entrevista, queda como mensaje,
que el Anteproyecto de la nueva Ley de Radiodifusión
(denominada “Ley de Servicios de Comunicación
Audiovisual”), pretendería promover un cambio
de reglas a mitad de camino, confundir las definiciones de
los distintos servicios, para de esa manera, mezclar sus finalidades
específicas, lo público con lo privado, lo abierto
con lo cerrado, un cóctel muy parecido a la “Jarra
Loca”.
No cabe duda alguna, que la ley de la dictadura debe ser cambiada
por una ley de la democracia; por una ley moderna, que contemple
e incluya a las nuevas modalidades surgidas “a partir
de la radiodifusión”, pero no, que lo haga con
otros sistemas que nada tienen que ver con esa definición.
Todo lo demás (Internet, codificados, cable, satélite,
y los que pudieran surgir en el futuro), deben se parte de
capítulos específicos y separados, aún
dentro del mismo cuerpo de la ley, para que no se amalgamen,
confundan o puedan ser tergiversados, como ocurrió
hasta ahora.
Asesor Técnico Legal
Especialista en Radiodifusión
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