El
ateismo militante convoca a una Apostasía Colectiva
BUENOS AIRES, 3 de Marzo 09 (AGMC).- "Un
grupo de personas de diversas extracciones, entre las que
se cuentan ateos, feministas, activistas de los movimientos
de diversidad sexual e independientes nos autoconvocamos para
llevar adelante una acción colectiva para apostatar
(borrarnos de la Iglesia Católica)". Así
reza en su sitio de Internet la propuesta poco innovadora
del ateísmo militante local para intentar desprestigiar
a la Iglesia. Para esto invitan a completar un formulario
que generará luego una carta para la presentación
simbólica del pedido.
Esto ya ha tenido lugar en España, donde se vive una
recalcitrante militancia atea y anticlerical, apoyada por
el gobernante Partido Socialista, que tiene por objetivo descalificar
a la Iglesia para que no impida leyes que atentan contra la
Cultura de la Vida, en un país de profunda raigambre
católica. Para los propulsores de esta combativa propuesta,
la apostasía se reclama como derecho a constar como
apóstata, o al menos a eliminar todo registro de pertenencia
a un determinado grupo de creyentes y dejar de ser contado
como miembro del grupo. Sobre todo en aquellos casos en que
la adscripción se produjo sin contar con la opinión
del sujeto.
Algunas personas lo realizan como rechazo a la Iglesia, su
doctrina o su política, o como paso congruente con
su ateísmo personal o con su cambio de denominación
religiosa.
Bastará con revisar la lista de los convocantes y
quedará en claro que por expresiones anteriores hace
un tiempo que se sienten fuera de la Iglesia y que por mucho
esfuerzo que hagan ya no se experimentan la pertenencia a
la comunidad eclesial. No obstante, ellos manifiestan no sentirse
representados institucionalmente como si la Iglesia fuera
un partido político o una asociación. En realidad,
es al revés ya que uno representa en su condición
de cristiano bautizado a la Iglesia de Cristo.
Los promotores de la iniciativa, llamada Apostasía
Colectiva en la Argentina, aclaran que no se trata de una
cruzada antirreligiosa, sino de una campaña contra
la intromisión en la sociedad civil de la religión,
que debe llevar a una clara toma de posición de quienes
ya no pertenecen a un credo religioso o nunca lo abrazaron.
Por eso, el lema es "¡No en mi nombre!".
En el portal de la campaña se explica que "la
apostasía colectiva es un acto de repudio público
a la manipulación ideológica y material de la
Iglesia en la vida ciudadana. Es una forma de expresar el
desacuerdo con su política social, sexual, económica,
dejando en claro que no nos representa, ni queremos que reciba
del Estado subsidios ni privilegios en nuestro nombre".
Es indudable que los propulsores de las ideas fuerzas del
movimiento saben muy poco de las relaciones de poder en la
Argentina para darse cuenta que el de la Iglesia es bastante
escaso y casi nulo, y menos aún de la historia de la
relación entre Iglesia y Estado en estos casi doscientos
años. En cuanto al tema subsidios o privilegios directamente
no saben nada.
Sobre esta convocatoria han sido muy oportunas las declaraciones
periodísticas del inefable padre Alejandro Russo, de
la Pastoral de la Arquidiócesis de Buenos Aires, asegurando
que se trata de "algo bueno" porque es "un
alivio para quien no cree" y "un dato estadístico"
para la Institución.
El sacerdote porteño afirmó que "es algo
positivo, porque más allá de la intención,
termina siendo un alivio para una persona que aun bautizada
no cree, y una suerte de estadística interna que puede
serle útil a la Iglesia", aseguró el religioso
y agregó que "la fe no puede ser impuesta y en
el caso de las apostasías no se podría hablar
estrictamente de pecado".
Russo explicó que "los padres bautizan y transmiten
su fe, luego los hijos deciden si van a tomar o no esa fe
para su vida. Sí sería pecado para aquellos
que desprecian la fe cuando en realidad creen".
En relación a la ONG Apostasía Colectiva y
consultado sobre campañas contra la Iglesia, el Padre
Alejandro Russo fue claro: "No hay mal que por bien no
venga, puede ser que haya mala intención pero produce
como resultado un bien, dejar que la persona exprese su fe
y que la Iglesia tenga datos". "No debe preocupar
a la iglesia, porque es un tema que tiene que ver con la libertad",
aseguró el sacerdote, que dijo que "la iglesia
no habla pensando en nombre de la gente que tiene atrás,
sino en Dios que tiene adelante” y remató: "Si
tiene 100 mil fieles o sólo dos tiene que hablar exactamente
igual".
En una apretada síntesis digamos que en el Catecismo
de la Iglesia Católica encontramos algunas referencias
al término apostasía, entre las que destaca
el número 817 en el que se describe como una ruptura
que lesiona la unidad de la Iglesia, junto con la herejía
y el cisma. La Iglesia lo considera un pecado de extrema gravedad,
pues no rechaza un dogma de fe concreto, como es el caso de
la herejía, sino que rechaza voluntariamente la fe
cristiana por completo.
El propio Catecismo, en su número 2089, lo incluye
entre los pecados contra la virtud de la fe: La incredulidad
es el menosprecio de la verdad revelada o el rechazo voluntario
de prestarle asentimiento. Se llama herejía la negación
pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad
que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda
pertinaz sobre la misma; apostasía es el rechazo total
de la fe cristiana; cisma, el rechazo de la sujeción
al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros
de la Iglesia a él sometidos.
Conclusión: consideramos oportuno
no juzgar estas personas sino por el contrario descubrir que
deben ser objeto de nuestro trabajo misionero y evangelizador.
Por lo pronto, vaya una oración por cada uno de ellos
y un pedido al Padre, por intercesión de su Hijo para
que el Espíritu Santo nos enseñe a trabajar
cristianamente por estos hermanos.
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