Ganar algo más que tiempo durante la Crisis

Por Eduardo Barrantes

 

El escenario internacional, bastante conocido por todos, nos muestra a bancos, financieras, grupos y fondos de inversión entre otras figuras, al borde de la bancarrota, ausencia total de crédito, gente de fortuna o ahorristas que han perdido más de la cuenta.

 

Como consecuencia nos encontramos que se empieza a enfrentar un fuerte proceso de recesión en la economía mundial, con bajas de precios, especialmente de commodities y productos primarios, sumados a horizontes cargados de pesares según los economistas.

 

Sin embargo, los gobiernos del mundo desarrollado, mediante la capacidad de acción de los estados, han puesto en marcha los instrumentos que propone la teoría keynesiana, manifestándose dispuestos a llevar a cabo todo lo que sea necesario, no sólo para encontrarle un piso a la crisis sino salir de ella cuanto antes sea posible y evitar así el colapso de las diferentes economías.

 

Sumado a esto, aún no se ha podido medir la dimensión del impacto de la crisis en los gigantes asiáticos (China e India). Pero algunos observan que estos no dejarán de comprar en el mundo, moderando así el alcance de la recesión.

 

Hay analistas que suman estas dos situaciones anteriormente descritas y le ponen un horizonte a la solución de la crisis. Los más optimistas consideran que los mercados económicos mundiales tenderán hacia la normalización antes de fin de año. Los pesimistas no van más allá de mediados del próximo.

 

En tanto, en la Argentina no hay síntomas claros de problemas atribuidos a la crisis. Nuestro país estaba aislado en cuanto al crédito internacional ya que sólo nos prestaba Hugo Chávez a un costo de usura. También ya habíamos perdido algunos mercados internacionales debido al conflicto con el sector agropecuario y a la falta de políticas que promuevan la producción y exportación. En tanto, la industria descontenta con el tipo de cambio vigente, erosionada su competitividad por la inflación, ya estaba importando productos en lugar de producir, debilitando así el empleo y el salario. Para completar, el Estado ya tenía algunos problemas de caja por el cual no se derramaban los pagos a los estados provinciales y se incumplía con el sector privado, menguando así el circulante y la cadena de pagos. De paso, le ponía un freno a la inflación mal medida y peor atendida.

 

No obstante, quienes deben resolver los problemas económicos en nuestro país dirán en el exterior que aquí la crisis no nos afecta, lo cual es increíblemente cierto porque los inconvenientes son anteriores a esta, mientras que entre nosotros usarán como excusa el contexto internacional para acometer con medidas de urgencias y diferentes tipos de tropelías.

 

De este modo, en estos tiempos de crisis, sólo se gana tiempo para resolver los problemas cuando la responsabilidad de gobernar nos indica la obligación de hacer algo más. Llegará el fin de año o mediados del próximo y Estados Unidos tendrá un nuevo presidente con fortaleza política para tomar medidas creíbles para los mercados, los gobernantes europeos tendrán en marcha controles y regulaciones para que no mande el poder del dinero, los gigantes asiáticos seguirán reclamando alimentos y la crisis pasará a ser materia de estudio para los académicos y una buena lección para los inversionistas.

 

Mientras tanto, entre nosotros, seguirá la falta de inversión y crédito, el problema con el campo, la falta de diálogo, los problemas con los docentes y jubilados, los reclamos salariales, el peso de la deuda externa nunca solucionada entre una lista bastante larga y compleja de conflictos. Pero ya no habrá crisis internacional y mercados en baja para descargar las culpas. Así las cosas, salvo que haya una auténtica vocación para solucionar nuestros problemas sólo se habrá ganado tiempo. Realmente muy poco o casi nada para lo que esperamos.