La Iglesia en la Asistencia y Prevención
de la Salud
Por el *Dr. Ricardo A. Munafó
Dauccia
La Iglesia, que como lo ha manifestado reiteradamente Juan
Pablo II, es "experta en humanidad", tiene respecto
de la salud una tradición que se conlleva desde la
redención, impulsada por el amor de Dios hacia su criatura
más perfecta, que es el hombre, e inspirada en la preocupación
de Cristo por dar vida y darla en abundancia.
El evangelio nos conmueve reiteradamente mostrando el amor
de Jesús en su acción sanadora, que es consustancial
con el anuncio del reino de Dios, promoviendo a los hombres
a seguir el modelo Divino con la parábola del buen
samaritano, en la que se fija un mandato explícito.
Es elocuente que el verbo griego therapeuein, que significa
curar, aparezca 36 veces en los evangelios, frente a 25 veces
en el Antiguo Testamento.
Así el Cuerpo Místico de Cristo, nuestra Iglesia,
peregrino en la tierra, fue llenando la vida de los pueblos
con las virtudes de ayudar a recuperar la salud y aliviar
el dolor, sin dejar de mostrar sus valores salvíficos,
preocupándose por la debilidad humana y reconociendo
en los pobres y en todos los que sufren la imagen de su fundador
pobre y sufriente, que siempre se identificará con
ellos.
En la historia abunda la memoria de los hospitales y servicios
de salud, creados por ilustres hombres de Iglesia, como San
Camilo de Lellis y San Juan de Dios entre otros muchos, siendo
una tradición que se fue multiplicando a lo largo de
los siglos y que acompañó a la humanidad en
el avance de las ciencias y de la tecnología, cargada
de amor por el bien común, por ese mandato de curar.
Sin duda que cuanto se ha logrado en el plano asistencial
no deja de asombrarnos cada día en que nuevos avances
producen efectos que poco tiempo atrás creíamos
imposibles.
Ese avance científico ante determinadas manipulaciones
incontrolables, nos coloca por otra parte, ante la preocupación
que el hombre pretenda alterar la "tranquilidad del orden",
a causa de su soberbia.
Pero los integrantes de la Iglesia también marchamos
al ritmo de los tiempos en cuanto se refiere a la prevención
y destacamos con vehemencia, que si es muy bueno poder restaurar
el cuerpo enfermo, así como sanar el alma, sin duda
debe ser mejor evitar la enfermedad, como lo es no caer en
el pecado. Prevención es también una hermosa
expresión realizable de la caridad.
Un maestro de la medicina del que todos recuerdan su dicho
y pocos su nombre, sentenció: "más vale
prevenir que curar" . Lo dijo en su libro "De Morbis
Artificum Diatriba" , fue el doctor Bernardino Ramazzini
y lo publicó en 1701. Pero a pesar del tiempo transcurrido,
se siguen gastando cuantiosas sumas en intentos por reparar,
lo que con menores costos y sufrimientos se podría
evitar.
La salud es una palabra rodeada de fe así como de
realidades humanas, de ciertos misterios aún no develados
y de ciertas conquistas en el avance arrollador de las ciencias,
que pasa por nuestra existencia muchas veces como una inadvertida
gracia de Dios, ante la cual no respondemos con el amor que
en tan inmensa magnitud nos es concedido a los seres humanos.
Es que no nos preguntamos: ¿con qué pagaré
al Señor todo el bien que me hizo?. Si no asumimos
nuestros compromisos y deberes, con la esperanza del Jesús
del ayer, del hoy y del siempre, en el mundo de la salud,
del sufrimiento y de la vida, no habremos sabido aprovechar
esa oportunidad de saldar en algo todo el bien que recibimos.
Nos lo expresaron con tanta claridad nuestros Pastores, al
decirnos que las responsabilidades alcanzan con mayor intensidad
"al que más sabe, al que mas puede, al que mas
tiene", que sin duda en la sociedad toda nadie puede
excluirse ni mucho menos ser excluido de su participación
activa. Enorme es el compromiso que asumimos entre quienes
por la vocación, esa inspiración potenciada
desde un soplo inmanente y superior respondemos a ciencia
y conciencia, ante aquello para lo cual nos ha sido posible
formarnos.
No tendremos éxito, si no somos acompañados
por la sociedad en su conjunto, porque los que trabajamos
por la salud somos parte necesaria de ella y con ella debemos
formarnos y ayudarla a formarse para el bien común,
integrándonos como sujeto social, en una verdadera
asociación eclesial.
Bien sabemos que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza
de Dios, con capacidad para conocer y amar a su Creador y
que "todos los bienes de la tierra deben ordenarse en
función del hombre, centro y cima de todos ellos";
es por eso que nosotros, orientados en la Doctrina Social
de la Iglesia, hemos propuesto una nueva definición
de salud, complemento de aquella precisa síntesis de
la OMS de 1946 y así decimos:
Salud es un bien antropológico esencial e intrínseco
a la dignidad humana, como tal una cultura, un derecho fundamental
y un bien común que se adquiere desde la concepción,
y que permite al hombre el ejercicio pleno de su libertad
y su desarrollo integral como persona, para participar activamente
de la vida social a la que pertenece.
*Dr. Ricardo A. Munafó Dauccia
(Es consultor de la Comisión Asesora Interdisciplinaria
de ANUNCIAR Grupo Multimedio de Comunicación, Asociación
Civil. Es médico sanitarista y epidemiólogo)
Fuente:
www.anunciarinforma.com.ar
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