Teoría de las dos espadas:
Entre el poder temporal y el poder espiritual
Por *Claudio
Fernando García
No olvidemos que el papado se puso en marcha en tiempos del
Imperio Romano, atravesando sin apenas rasguños, no
solo su ruina, sino la de otros muchos imperios, formaciones
sociales y civilizaciones que se sucedieron a partir de aquellas
fechas en la historia de Europa y el mundo.
Sufrió duros embates en el siglo XVI, recibió
golpes terribles de la Revolución Francesa, hubo de
competir con nuevas doctrinas, como el liberalismo y el marxismo.
Todas las dificultades que se fueron presentando, sin embargo,
pudieron ser en última instancia superadas.
El creyente encontrara la razón de esta resistencia
en el carácter divino de la institución, inspirada
y sostenida por el Espíritu santo. "Tú
eres Pedro, y sobre esta piedra edificare mi iglesia, y las
puertas del infierno no podrán contra ella. Te daré
las llaves del reino de los cielos, y cuando atares sobre
la tierra, quedara atado en los y cielos, y cuando desatares
sobre la tierra, quedara desatado en los cielos" (Mateo
16, 18-18). En estas palabras pronunciadas por Jesucristo
y recogidas por el Evangelio de San Mateo, se halla el fundamento
del primado de Pedro, luego transmitido a sus sucesores.
Ahora bien la institución que dirige los destinos
en este mundo de la grey católica y a cuya cabeza se
encuentra, como pastor supremo, el vicario de Cristo ha experimentado
en este largo caminar desde los días de San Pedro notables
transformaciones. ¿Cómo no percibir la distancia
que hay entre la coronación de Carlomagno del año
800 y la de Napoleón Bonaparte del año 1804?
En la primera, el Papa León III coloco la corona sobre
la cabeza del rey franco. En 1.804, por el contrario, Pío
VII fue un mero espectador pues el propio Napoleón
coloco la corona sobre sus sienes. Si nos situamos en otra
perspectiva, ¿no captaremos asimismo el abismo que
separa a Inocencio III, reclamando a comienzos de siglo XIII
la plenitud del poder y dirigiendo en todos los terrenos a
la cristiandad europea, el Pío IX arrinconado en el
Vaticano, condenado a la modernidad de los nuevos tiempos
actuando en todo momento en una posición claramente
defensiva?
Los tiempos brillantes al menos desde la perspectiva de la
historia terrenal, se sitúan en la Edad Media. Fue
la época que se produjo una identificación entre
Europa y la cristiandad. La aproximación de los obispos
en Roma a los reyes francos y la restauración del Imperio
de la persona de Carlomagno marcaron el indicio de la colaboración
entre las dos espadas, la terrenal (el emperador) y la espiritual
(el pontífice).
No faltaran las disputas entre ambos poderes pero en todo
momento fueron debates internos a la propia comunidad de los
creyentes. En las llamadas luchas las investiduras tanto papas
como emperadores empleaban argumentos tomados de la Biblia
o de los Santos Padres.
El gran salto adelante del papado no obstante se produjo
a partir de la reforma gregoriana movimiento que toma su nombre
del Papa GregorioVII y que tuvo lugar en el sigloXI. N. Cantor
ha dicho de ella que fue la primera de las grandes revoluciones
en la historia occidental. La defensa de la libertad eclesiástica
frente a la intromisión de los laicos condujo no obstante
el triunfo de la teocracia, es decir, el gobierno sacerdotal
cuya supremacía sobre el poder temporal se juzgaba
indiscutiblemente. Los papas por su parte dominaban desde
tiempo atrás de los Estados pontificas en los que eran
señores temporales, como cualquier monarca en su reino.
En este camino ascendente del pontificado el punto más
alto lo alcanzo Inocencio III. "De igual manera que la
luna recibe su luz del sol, así el poder real recibe
de la autoridad pontificia el esplendor de su dignidad"
afirma Inocencio III, señalando con ello la sumisión
del poder temporal al obispo de Roma, "plenipotenciario
de aquel por quien reinan los reyes y gobiernan los príncipes
y que da los reinos a quien bien lo parece".
Desde los albores del siglo XIV comenzaron a soplar vientos
de crisis en la cristiandad europea y en su cabeza rectora.
EL traslado de la sede de los papas a Aviñón
en 1.309 (la denominada segunda cautividad de Babilonia) no
solo suponía de la subordinación a los designios
de la monarquía francesa sino mas aun del fin de la
teocracia.
Los pasos siguientes fueron el Cisma en Occidente (el de
Oriente se había consumado con anterioridad) y la crisis
conciliar. A mediados del siglo XV los problemas más
agudos estaban resueltos. Pero la crisis afectaba al fondo
de la propia vivencia de la fe cristiana. El foso que separaba
las actitudes evangélicas de las formas de vida de
obispos y papas, demasiado apegado a las glorias mundanas
se agigantaba.
En este contexto florecieron las posturas críticas
cuya conclusión fue las reformas luteranas del siglo
XVI. Si la llegada de Colon a América abrió
grandes posibilidades a la evangelización el triunfo
del humanismo renacentista y sobre todo el desgarramiento
producido en la cristiandad por la difusión de las
doctrinas luteranas tuvieron efecto negativo en la historia
del pontificado.
El Concilio de Trento sin duda fue el instrumento de la reacción
católica ante el hecho de la reforma. En el se produjo
reafirmar las señas de identidad del catolicismo. Pero
en el fondo la vida del pontificado que se inicio a partir
de aquellas fechas estuvo caracterizada por el signo del retroceso.
A las querellas de los protestantes se añadió
la potenciación de las iglesias nacionales, que de
algún modo escapaban al control de Roma, y cuyo mejor
ejemplo no los ofrece el galicismo.
Frente a los progresos de la consolidación del capitalismo,
daba paso al socialismo científico el cual consideraba
el hecho religioso como una alineación. La lucha por
la unidad italiana desemboca en la perdida por parte de los
papas de los estados pontificas, frente a la vieja confusión
entre lo temporal y lo espiritual se proclama por doquier
la independencia del Estado y la autonomía de lo secular.
Sin embargo, la iglesia, supera esa prueba si bien ampliamente
transformada.
Los papas habían sido despojados, definitivamente,
del poder temporal (si exceptuamos su jurisdicción
sobre el minúsculo Estado Vaticano) Había llegado
la hora de recuperar su prestigio poniendo él asentó
en el sentido espiritual, en su papel como dirigentes de una
comunidad de creyentes. Tal es el reto del siglo XX.
Termino con el que de designa al obispo de Roma en cuanto
cabeza visible de toda la iglesia católica y sucesor
de San Pedro. En la Biblia, a un discípulo tan humano
como Pedro con sus violencias y temeridades sus favores y
desfallecimientos su valentía y su carácter
fácilmente infalible le denomina Cristo "Piedra"
y le constituye fundamento de su iglesia.
La primera de Pedro es reconocida unánimemente es
reconocida por protestantes ortodoxos, católicos y
anglicanos es un dato del NT que no alcanzan a debilitar ni
a la figura del discípulo amado, que San Juan desliza
entre Cristo y Pedro ni la oposición de Pablo ante
la vacilación de Pablo en la cuestión disciplinaria
de los judaizantes. Sin otro titulo para ello que la designación
de Jesucristo, Pedro es el primero entre los doce como cabeza
de un colegio Apostólico que asume simultáneamente
los rasgos de jerarquía y de totalidad simbólica
del Pueblo de Dios.
El punto doctrinalmente difícil para las diferentes
confesiones cristianas es el de la sucesión de Pedro
por el Papa y del Colegio Apostólico por el Episcopal.
En la teología católica, la naturaleza de la
institución del papado solo es comprensible a partir
de la totalidad de una iglesia definida ala vinculación
a la renovación, Dios de da a sí mismo, como
persona en la palabra dirigida a la comunidad de los de los
creyentes y esta comunidad a su vez, hace presente la Palabra
en el mundo.
Solo el mismo Cristo resucitado es la palabra definitiva,
y eficaz de Dios la iglesia es la presencia de Cristo, en
las cambiantes circunstancias del mundo. Por esta razón
ha de ser infalible, sus verdades inamovibles y unánimemente
ofrecidas por todos sus miembros de modo visible.
El Papa por su infalibilidad doctrinal como presidente del
Colegio Episcopal, es sacramento de la autenticidad y unanimidad
de la fe de los creyentes en cada momento histórico
y para siempre. La dogmática católica sobre
el Papa esta de forma mas precisa y completa en el Concilio
Vaticano I (1870) y la relación del Papa con el Colegio
Episcopal, dando unidad a la variedad dinámica, en
el Vaticano II (1964).
*Claudio Fernando García
(Asesor y Coordinador del programa radial EL ALFA Y LA OMEGA,
fallecido en 2003)
Fuente:
www.anunciarinforma.com.ar
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